“El que no tranza, no avanza”

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Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia o mejor conocido como DIF, es una institución pública que según su portal en internet tiene como objetivo principal diseñar e implementar políticas públicas en materia de asistencia social que promuevan la integración de la familia, así como proyectos encaminados para mejorar la situación vulnerable de niños, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad, labores de gran importancia que requieren de servidores públicos capaces, profesionales y sobretodo con vocación de servicio al frente de semejante institución.

Sin embargo, desde 1977 la dirigencia en cualquiera de sus tres ámbitos de gobierno ha sido otorgada por tradición a la Primera Dama en turno, exceptuando el actual sexenio de Enrique Peña Nieto, donde acertada y estratégicamente la titularidad le fue otorgada a la Licenciada Laura Vargas Carrillo, esposa de Miguel Ángel Osorio Chong, y no a la primera dama Angélica Rivera de Peña.

Pero no solo a nivel nacional se “rompen” tradiciones políticas por convenientes que estas sean, también en Colima, nuestra Primera Dama Alma Delia Arreola de Anguiano decidió abandonar sus funciones como presidenta del DIF estatal a menos de 3 meses de concluir dicha responsabilidad, misma que decidió heredarle a su hija Delia Yareth Anguiano Arreola sin mayor fundamento que el de haber demostrado que sabe trabajar en equipo.

De esto surgen varias interrogantes, ¿No es tiempo de que el DIF rompa con la tradición y sea dirigido por alguien que ostente el perfil profesional necesario y no solo un parentesco? ¿No dimensionó el gobernador qué su declive era el peor momento para tomar este tipo de decisiones? ¿No bastaron las críticas de la jubilación de Alma Arreola sobre su jugosa jubilación a pesar de que solo tenía 5 años en un cargo honorífico, para concluir su encomienda?

No cabe duda que “la ambición rompió el saco” y hoy la familia Anguiano Arreola, ha demostrado insaciedad ante las deleites del poder, así como nosotros hemos demostrado amplia tolerancia y hasta cierto masoquismo social al permitir e incluso en algunos casos aplaudir los actos de corrupción en los que el gobernador se ha visto involucrado, desde la inexplicable deuda que nos va a dejar hasta el nepotismo y el tráfico de influencias en los que ha incurrido, lo cual no hace más que apegarse a una frase de uso común dentro de su partido “El que no tranza, no avanza”.

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