Entre tradiciones te veas

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Permítame cuatro miradas parciales del fin de semana en Colima para preguntar por nuestras tradiciones.

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Suchitlán, ese pueblo a donde podemos escapar en busca de un clima fresco, encontrar buen café, comprar rica miel o hasta disfrutar una comida cara pero en un lugar apacible. Un pueblo que guarda muchas barrancas y causes de rio que desconocemos, un pueblo que tiene un potencial productivo a la venta y cobija casas de descanso que muchos estamos lejos de poder disfrutar.

En este lugar muchos pobladores no tienen casa propia, otros no tienen techo y la gran mayoría no acceden a condiciones de vida digna, aquí la miseria azota (en temporadas) y el alcoholismo está incrustado en una comunidad resquebrajada. Ser artesano es una actividad idealizada en estas condiciones, ser indígena aquí es una condición casi infraciudadana.

Entre las potencialidades y la miseria, en Suchitlán se llevó a cabo un encuentro estatal de danzas, evento que poca asistencia registraba de los pobladores, pero que inundó el pueblo de visitantes para buscar la atracción indígena, para saciar ese orgullo citadino de “los orígenes”.

¡Todos a rescatar las tradiciones! entonces viajamos a Suchitlán para observar con simpatía la danza de los morenos, a sentir el ritmo de la danza de los apaches y enorgullecerse de los chayacates. Un hombre alto y moreno que personifica un apache es perseguido para las fotografías. Lo importante es el recuerdo, puede ser foto o pulserita.

La envoltura de los discursos políticos se encargó de elevar la condición indígena a un estatus privilegiado, mientras, al norte de este pueblo avanza la industria inmobiliaria ofreciendo residencias que los indígenas de la zona están lejos de poder adquirir, y aunque se les despoja de territorio, se les ofrece trabajo: de albañil, mesero o cuidando casas, siempre y cuando no tengan nada que poder vender. Para ellos no habrá casas pero hay programas donde se les regalan láminas para el techo. Justicia para todos.

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Casi a la par, en la ciudad de Colima se llevó a cabo una cabalgata “inaugural” de la feria de todos santos, cosa rara pues la feria no empieza sino hasta una semana después y de hecho, jamás en la historia de esta fiesta popular se ha realizado una cabalgata de inicio. Por la tarde un cuarteto de jóvenes a caballo paseaban gritando por el centro de la ciudad, posando para ser fotografiados y dando gritos de ebrio al pasar por el jardín libertad y los portales. La tradición del chingón exige ser visible y los espacios se conquistan.

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Por la noche el andador constitución es ocupado por un centenar de jóvenes que se convocan para escuchar un poco de rock-surf, platicar, bailar y brincar un poco. A diferencia de los jinetes de los caballos, aquí las cervezas no se pueden presumir, mucho menos la marihuana, cuyo olor causa la dilatación de pupilas no solo de los consumidores, sino de uno que otro defensor de la moral que va pasando y abre los ojos como si hubiera visto un muerto.

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Pero también hay guardianes de la conciencia crítica, en este caso indignados por una marcha zombie, la cual logró convocar más de 500 personas, lo que hasta ahora ninguna marcha de protesta social ha podido lograr.

Parece que este evento se ha realizado desde hace 4 años en Colima y ha crecido bastante rápido, sobre todo por las modas impulsadas por la industria del cine y la televisión, las redes virtuales de autocomunicación de masas, un cierto gusto por estas cosas extrañas, pero también ayudan un par de acreditaciones culturales en la Universidad de Colima.

Y las escuelas siguen haciendo altares.

Nos guste o no, parece que esta celebración de muertos vivientes se consolida en nuestra ciudad como una expresión cultural intergeneracional (¡hasta la señora de los churritos y su hijo se pintaron de zombie!), un breve momento para ocupar las calles con un móvil (probablemente banal) que todos gozan en experimentar y poner al público.

Parece que tanta era la expectativa de convocatoria de este evento que el ayuntamiento de Colima se colgó de él para realizar una caravana con el club Mustang. Entre danzas y calacas mexicanizadas, el presidente municipal destacó el rescate de nuestras tradiciones en medio de zombies caminando y autos importados.

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