Mensaje a mis amigos de la Universidad de Colima

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Les escribo con profunda pena.

Hace meses me presenté a una convocatoria de profesores en esa universidad, y fui excluido con el falso argumento de que mis títulos de licenciatura y de doctorado no acreditaban para esa plaza: una mentira gigantesca, pues los títulos obraban en poder de la universidad, y no cabía negar la evidencia. Además, un certificado de la Universidad de Granada confirmaba que la titulación requerida para la docencia e investigación en Historia era precisamente la que yo poseía.

Abrí entonces una campaña de denuncias contra la falta de transparencia de esa universidad, que ni siquiera se dignó responder a mi reclamación, en abierta violación de su propia normativa. El escándalo en las redes sociales y en la prensa escrita fue mayúsculo.

Meses después asistí con estupor al despido del prof. Pedro Zamora, contextualizado en un marco de irregularidades y de vergonzosas chapuzas administrativas.

Y, más recientemente, he contemplado con vergüenza la instrumentalización hecha por el rectorado de la universidad de un conflicto interno del sindicato SUTUC para esconder sus manejos sospechosos del fondo de FOSAP.

Mi intervención en esos conflictos, desde unos planteamientos estrictamente universitarios, ha desencadenado un auténtico ciclón de ofensas a mi persona, orquestado por el veterinario y exsindicalista Cevallos, personaje de dudosa reputación que, después de haber aspirado sin éxito a la rectoría (¡Dios sabe qué méritos universitarios pudo aducir!), se ha convertido en uno de los apoyos con que cuenta el actual rector de la universidad para sus manejos caciquiles de la institución que, para su desgracia, lo encumbró a esa “irresponsabilidad”.

El cúmulo de infamias y de insultos que he recibido del mencionado indigno personaje, y el eco que esa vergonzosa campaña ha encontrado entre sus allegados, han desbordado mi paciencia. He padecido ataques de xenofobia de tan notoria gravedad y vulgaridad que descalifican a sus propagadores: el veterinario Ceballos, en concreto.

Me retiro, pues, de cualquier polémica que afecte a una universidad en la que los manejos porriles, propios de matones, se han enseñoreado de modo tan penoso. Nunca he tenido enemigos, y rehúyo el manejo del insulto como instrumento para expresar el disenso. Cedo, pues, el arma de la palabra y de la razón a quienes quieran esgrimirla desde dentro de la propia institución universitaria.

Se ha llegado al extremo de propagar que Manuel Ferrer no existe, indudablemente para tapar la vergüenza que yo desenmascaré de que “José González” no era sino la tapadera de que se servía el pobre Caballos (perdón, quise decir Cevallos, y es que me traicionó el subconsciente, por eso de las patadas) para herir cobardemente desde el anonimato. Y “José González” no es el único falso perfil inventado por ese grupo de porristas, como he probado en público.

Les dejo, pues, asqueado del tono y de las amenzas mafiosas con que el sector hostil al secretario general del SUTUC coordina sus ataques para proteger al rector en el caso del FOSAP.

Mantendré la amistad con todos aquellos profesores y alumnos que han demostrado dignidad, entereza y valor en la defensa de sus principios y de los intereses generales de la universidad.

Seguiré en comunicación con ustedes desde Perriodismo y desde 2ª Revolución Mexicana. Ahí nos encontraremos. Por supuesto seguiremos en contacto mediante comunicaciones y mensajes personales.

No se rindan ni bajen la guardia. Denuncien ante todas las instancias cuantas irregularidades descubran. No se dejan amilanar por los insultos, y perseveren hasta limpiar la universidad de la escoria que se ha instalado en su cabeza.

¡Hasta siempre!

 

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