Zombies del siglo XXI: muertos vivientes y esclavos de moda

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Comparto con ustedes un texto que me ha remitido un buen amigo. Aunque interesante, resulta demasiado extenso y a veces farragoso. Por eso me he permitido hacer una síntesis para los lectores más ocupados o menos pacientes. Siempre se puede recurrir a la versión original a través del enlace que figura al final del texto.

El zombie, el autómata irreflexivo, es aquél que no se pertenece a sí mismo, el más claro correlato de un moderno esclavo: el Amo convertido en esclavo de los objetos que construye, cono lo enunció la filosofía hegeliana. Se trata nada menos que del hombre enajenado descrito por Marx, aquél cuya autopercepción, su autorreconocimiento y autoconciencia están atravesados, instrumentados y controlados por un otro, en este caso, el capital.

Hace siglo y medio Marx señalaba el hechizo místico del capital, que despojaba a los hombres de la capacidad de reconocerse como sujetos, forjadores y creadores de su propia realidad: las cosas, las mercancías y las capacidades tecnológicas parecían asumir (para una humanidad enajenada, despojada de sí misma) el papel activo de la historia. Vemos así al sujeto convertido ahora en objeto de sus creaciones: el fetiche, el objeto, la mercancía, el dinero: el Capital convertido en dueño y señor de los seres humanos, de la Tierra y de la vida toda. Hoy en día, asistimos como autómatas, como testigos pasivos, zombies, a los despliegues más brutales del capital y de su fetichismo tecnológico. La voracidad capitalista devora irreflexivamente la vida.

Una sociedad que ya no compra para vivir, sino que vive para comprar, que vive para trabajar, que vive para el capital, es una sociedad que no se pertenece a sí misma: está enajenada, es una sociedad zombie.

El problema es que la “infección” de este género de existencia está profundamente arraigada: desde la publicidad y la mercadotecnia hasta la elaboración de “perfiles” en Facebook tienen esa notable facultad de asociar los intereses del Yo a los intereses del capital: compro, me vendo, luego existo. El principal vehículo mediante el cual el capitalismo inoculó esta no-conciencia zombie fue precisamente el placer y la autosatisfacción del individuo. Y es que, paradójicamente, mientras más se exalta la individualidad y la preponderancia del Yo, más se le controla. Vemos aquí al sujeto convertido en esclavo de los objetos que produce y consume, sujeto a la dinámica e inercia de su industria.

Comprar, producir, consumir, opinar y mimetizarse con la masa serán las exigencias de esta voluntad ajena que impone su ritmo voraz.

Versión original:

http://insurgente.org/index.php/2012-04-11-10-03-53/mundo/item/7789-zombies-del-siglo-xxi-muertos-vivientes-y-esclavos-de-moda

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