Después del fin del mundo seguimos destruyendo

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¡Ay sí, ay sí!

Y el mundo no se acabó, a pesar de la sobreexplotación del tema, de los millones de dólares que generó a Hollywood desde hace unos años y de las jugosas ganancias del sensacionalismo que se aplicó a un montón de estrategias mercadotécnicas.  Muchas veces ya nos habíamos enfrentados a estos supuestos finales, pero esta ocasión parece que le vieron más signos de dinero, a pesar que la forma en que los mayas concebían el universo no existen los apocalipsis, “armagedons” o nada parecido, al contrario como declarara la Premio Nobel Rigoberta Menchu, es una fecha de celebración espiritual del pueblo maya,  un tiempo propicio para pedir perdón por todo lo que destruye la humanidad y para reconciliarse tomando acción a favor de su entorno.

Y esto nos lleva a una de las reflexiones más importantes que dejó el 21 de diciembre, el poder que una convocatoria de una estrategia mercantilista para meternos un tema a todos lados, hacerlo relevante para las agendas de los medios de comunicación y lograr que personas verdaderamente se preocuparan. Pero lo más impresionante de todo esto es como el pensar en el fin del mundo genera tales angustias, cuando día a día participamos de un sistema en el que los humanos destruimos de una manera gigantesca e indiferente nuestro entorno natural.

Miedo a que el mundo se acabe, cuando nosotros somos quienes lo acabamos a mordidas, lo consumimos sin conciencia, tratamos a las demás expresiones de vida como inferiores, una sociedad global que pareciera se resiste a hacer los cambios más pequeños, y gobiernos con discursos de sustentabilidad y responsabilidad por el medio ambiente que solo guían sus actos a favor de las corporaciones más grandes para poder quemar petróleo, poseer recursos y contaminar sin límites, todo para obtener más ganancias.

Y desgraciadamente lo vemos día a día, tanto a nivel local -con permisos y leyes que defienden a los poderosos para hacer las obras que quieran sin importar los impactos ambientales ni sociales- como a nivel global con la COP -que recientemente realizó la 18° conferencia mundial en la que los gobiernos del mundo toman acuerdos para emprender acciones para combatir el cambio climático. La COP (Conference of the Parties, Conferencia de las Partes) se lleva a cabo cada año, pero ya tiene cuatro de sus ediciones que no se han alcanzado ni los compromisos más básicos por parte de los países que más gases causantes del calentamiento global emiten para parar ese ritmo.

Así pues, habría que preocuparnos mucho menos por mitos, hacerle menos caso a las estrategias de publicidad (muchas veces difundidas por los “imparciales y veraces” noticieros) y ocuparnos por encontrar soluciones a nuestras prácticas autodestructivas, podemos hacer mucho desde nuestras propias trincheras y posibilidades, las pequeñas acciones son las que hacen la diferencia. Actuemos local, pensando globalmente.

 

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