Mexicanos al grito de guerra

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¿Para que armarnos? Queremos armas para defendernos, para proteger a nuestra familia, para proteger nuestras propiedades y, si ajustan las balas, a nuestro vecindario.

Esta necesidad se ha creado a partir de que hay una sensación de no protección en la gente, generada por un Estado que no protege a sus habitantes, sino que los persigue y los maltrata. Esta necesidad, ha sido alimentada por la idea de que no puedes confiar en aquellos que dicen cuidar el orden y no lo hacen y que van a hacer cumplir la ley y no la cumplen.

¿Son las armas la solución al mundo en el que vivimos?

La propuesta de Jorge Luis Preciado ante el Senado provocó diversas opiniones. Hubo desde aquellos que sugirieron que el senador usara las balas de supositorios hasta quienes consideraron que su propuesta era buena, porque, dicen, vivimos en un país donde las leyes benefician a los delincuentes, donde las armas están prohibidas, dicen, para los pobres, pero no para los que tienen dinero y aquellos que legislan tienen dinero para contratar guardaespaldas, alarmas para sus casas, armas y autos blindados.

El que tiene una arma tiene mayores posibilidades de usarla que aquel que no. El Estado mexicano comete un error si acepta esta propuesta. Lo que deben hacer nuestros gobiernos es asegurarse de tener una policía que funcione, que gane bien, para que no tenga tentación de hacerse corrupta. Una policía que tenga la certeza de que los problemas se arreglan con la ley, no con la distribución de dinero.

Los únicos beneficiados con una medida de estas son los fabricantes de armas, que le venderán a unos y otros, sin importar que se maten entre ellos y una vez que se adopte la medida, jamás permitirán la posibilidad de que vuelvan a prohibirse las armas. Para quienes venden armas, la intranquilidad, la inseguridad y el miedo de la gente es la mejor mercadotecnia para vender.  Se necesita la violencia para vender balas y pistolas. La guerra es un negocio. Hay que ver quién se beneficia económicamente de la violencia en México. Tal vez ahí encontramos la raíz del problema y la raíz de una propuesta como la de Preciado.

Las armas no son la solución. Teniendo una arma, cualquiera, por cualquier problema, se siente impelido a usarla, cuando la tiene a la mano. Infidelidades, adicciones, problemas de estacionamiento, muchas situaciones se resuelven a balazos en Estados Unidos, donde las armas son permitidas.

Ahora vivo en un país donde todos tienen permiso de portar arma. La violencia parece crecer exponencialmente cuando todos tiene permiso de portarlas.

Hace unos días, hubo aquí una masacre. Veintidós personas de un cantón fueron asesinadas por siete individuos, armados hasta los dientes. Hay barrios a donde no puedes entrar. En la calle, hay enrejados que no te dejan pasar. Si no te conocen, te piden la cédula de indentificación. Si no eres de ese barrio, te dice que qué haces aquí. Si les parece bien tu respuesta te dicen que está bien, que pases. O si no, te dicen que te vayas por donde viniste o si no, te matan. Porque sí, porque pueden, porque tienen con qué… Es la ley de la jungla.

El miedo es el que manda. Antes, se hacían armas para defenderse de animales salvajes y hambrientos que veían al ser humano como alimento. Ahora, se mata porque sí. La violencia no es la solución. Las armas tampoco.

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