UdeC: cambios de nada cambian

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Con relación a los “catorce nombramientos” últimos otorgados por el Rector Hernández Nava públicamente dados a conocer este 2 de septiembre en curso, por cuestión no sólo de sentido común, sino que debería hacerse y definir por mandato constitucional –llámese Ley Orgánica-, el perfil adecuado, el conocimiento, el mérito, y la aptitud, que deberían poseer particularmente quienes forman parte e integran los mandos superiores de la Universidad de Colima (U de C).

Remonto lo anteriormente dicho a la realización de la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción, cuyo artículo 7, numeral 1, incisos a) y b) en efecto dispone que el nombramiento de servidores públicos estará basado “en principios de eficiencia y transparencia y en criterios objetivos, como el mérito y la equidad y la aptitud”, e incluirá “procedimientos adecuados de selección y formación de los titulares de cargos públicos que se consideren especialmente vulnerables a la corrupción”.

Convención de referencia que forma parte del sistema legal mexicano habida cuenta que fue aprobada en los términos del artículo 133 constitucional y publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF), el 14 de diciembre de 2005, y con la reforma constitucional de noviembre de 2011, cuyo artículo 1 de la Constitución eleva la jerarquía normativa de las convenciones y tratados a rango de norma constitucional (Villanueva, E., Proceso núm.2026, 30 de agosto de 2015, pág.42).

Aludo a esta convención para subrayar por ejemplo la aptitud como un requisito que rigurosamente debería observarse para ocupar un alto cargo de responsabilidad institucional administrativa y académica con respecto a la Educación Pública Superior en México (EPS) sobre todo.

Aptitud que viene a cuento por esa decisión de Hernández Nava de 2 de septiembre 2015 de otorgar, mantener, y/o reacomodar a 14 funcionarios universitarios con el propósito no sólo de “fortalecer la casa de estudios, sino de enfrentar mejor los retos de la educación superior en la entidad y el país” con lo que llamó “Productividad Académica” (El Comentario, 3 de septiembre de 2015).

Reacomodo de altos mandos muy importante entre integrantes de la nomenclatura universitaria, aunque a la vez sobre sale la exclusión significativa del joven funcionario Luis Fernando Mancilla Fuentes al frente de la Dirección General de Educación Media Superior (DGEMS) de la Universidad de Colima. .

Al respecto destacar tan sólo que la DGEMS hoy tiene a su cargo 32 bachilleratos, es decir, es responsable académica y administrativamente de 13 mil estudiantes aprox. (PROFOCIE, 2015); jóvenes por cierto que en teoría son lo más valioso y prometedor que posee el Estado de Colima en materia educativa, y que, precisamente, por ello debe estar a cargo en su determinante formación educativa quien posea un perfil idóneo, entendido este como aptitud técnica, legal, académica y moral a todo prueba, rigurosa e irrestrictamente,.

Por lo que ante lo dicho por Hernández Nava en cuanto a “los retos de la educación superior”, vale la pena referirse al mencionado Luis Fernando Mancilla Fuentes en relación al perfil socio profesional que posee, y que me adelanto a subrayar es más de aptitud y corte político que de formación académico y/o intelectual o si se quiere de letras. .

Nuestra estrella Mancilla Fuentes es originario de Minatitlán Colima, hijo de José Mancilla Ramírez, con estudios profesionales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Colima, quien en mayo de 2002 como estudiante por primera vez se distingue por apoyar a Héctor Chávez Sánchez entonces candidato opositor a la planilla encabezada por Enoc Moran Torres aspirante oficial a la presidencia de la Federación de Estudiantes de Colima (FEC); por cierto una elección estudiantil universitaria envuelta en jaloneos, golpes, vidrios rotos e inmuebles dañados. Meses después, con el universitario Adrián López Virgen candidato por el PRI a la presidencia municipal de Villa de Álvarez (2003-2006), Mancilla Fuentes con un grupo de estudiantes fue incorporado e hizo campaña a favor del propio López Virgen, lo que a la postre fue decisivo para que siendo Ernesto Pasarín Tapia Presidente de la FEC (2005-2008), simultáneamente Mancilla Fuentes fuera Secretario General de este organismo estudiantil. Muy pronto, Mancilla Fuentes, se volvió el músculo fuerte del pusilánime presidente estudiantil Pasarín Tapia, ganándose la confianza del Rector Miguel Ángel Aguayo López, quien como “jefe nato” universitario lo promovió y le permitió convertirse en sucesor de Pasarín Tapia al frente de la FEC (2008-2011) llegando con el eslogan de la “unidad estudiantil”.

Mancilla Fuentes ya como líder estudiantil de la FEC, y con Héctor Magaña Lara como principal ariete de fuerza, aplicaría y haría valer al máximo entre los estudiantes tres reglas de oro: cooptar, negociar o reprimir, siempre subordinado cual brazo de poder intimidante a las directrices del Rector Aguayo López, o más bien a las del jefe de jefes de la Universidad de Colima Fernando Moreno Peña.

Sólo destacar cuatro acciones que Mancilla Fuentes como dirigente de la FEC asumió:

a). Siendo Rector Aguayo López defendió como propia la decisión de este de construir el “Muro de la unidad” presupuestado en 700 millones, hoy ciertamente obra inconclusa, olvidada, y en ruinas;

b). Impulsó inspirado por Moreno Peña la creación de la Confederación Nacional de Estudiantes Mexicanos (CONEM), convirtiéndose en su presidente a la vez, aunque muy pronto y vergonzosamente este organismo perdió el registro por no comprobar gastos;

c). Entre mayo y junio de 2011 protagonizó y enfrentó cual violencia gansteril al estilo de casa la más importante y masiva disidencia estudiantil experimentada por la Universidad de Colima desde la década de 1980 logrando prolongar su estadía como presidente de la FEC por otros 18 meses más mediante un congreso estudiantil extraordinario, evento por cierto fuera de estatutos, amañado e injustificado, ya que entre las razones entonces esgrimidas por Mancilla Fuentes: terminar el edificio de la FEC en Manzanillo y negociar tarifas del transporte público, cualquier otro líder estudiantil las hubiera realizado sin problemas, mientras que la tercera razón que era darle seguimiento a los trabajos de la CONEM-en realidad respondía a un agenda externa, temporal, y más allá del interés y lógica prioritaria de la FEC propiamente, como en efecto a la postre resultó;

d). Entre 2013-2014 durante el conflicto entre la rectoría y el SUTUC bajo Gutiérrez Chávez teniendo como fondo la amenaza de huelga universitaria, Mancilla Fuentes como presidente de la FEC no sólo denunció y amenazó jurídicamente a algunos profesores por utilizar las clases y distraer a los estudiantes con temas laborales que según él eran ajenos al interés y aprendizaje estudiantil, sino también, y asesorado, se distinguió por realizar maratónicas visitas e intensos recorridos a las distintas escuelas y bachilleratos para que mediante firmas y aludiendo al recurso legal del amparo, en caso de posible huelga universitaria, no hubiera suspensión de clases apelando a la “defensa” del derecho a la educación, bandera de lucha por supuesto falsa pues la exigencia de una calidad educativa nunca ha sido un objetivo fundamental de quienes han estado al frente de la FEC a través de su historia.

Basado entonces en este breve recuento en torno a la corta trayectoria universitaria de Mancilla Fuentes al frente de la FEC, puede desprenderse que el éxito de su liderazgo se sustentó en una estructura estudiantil anquilosada de carácter porril y retardataria, la cual dicho sea de paso través de su historia no sólo ha servido como trampolín para cuadros políticos del PRI, sino también ha sido ajena a aquellos procesos sociales donde los estudiantes son punto de partida y fuerza explosiva protagónica de transformación universitaria.

Pero, la explicación determinante que Mancilla Fuentes hoy encabece la DGEMS en gran medida es el día 6 de junio de 2011, cuando agrediendo y violentando las formas logró prolongar por 18 meses su liderazgo al frente de la FEC, tiempo suficiente para que posteriormente José Eduardo Hernández Nava pudiera ser elegido Rector de la Universidad de Colima (2012-2016), ya que en el diseño de la Ley Orgánica vigente en el Consejo Universitario la participación estudiantil es decisiva, no a modo de voto de calidad y participación consiente y si a modo de voto numérico y a mano alzada que, sumándose a los votos de los directivos universitarios designados por el Rector en turno, resultan suficientes para inclinar la balanza de quien es postulado a Rector, aún y en dado caso hipotético que pudiera generarse un escenario donde los representante de la planta docente y de investigación unánimemente decidieran votar por un candidato alterno al del Rector..

Sin embargo genial y sorprendente pudiera haber sido que ese 6 de junio de 2011 la prórroga lograda por Mancilla Fuentes al frente de la FEC por otros18 meses más hubiera sido su idea propia, pero el autor intelectual lo fue el ex rector Fernando Moreno Peña, quien mediante Adrián López Virgen, operó y se encargó de preparar el escenario favorable para asegurar el determinante voto estudiantil en la elección de Hernández Nava Rector. Hay mucho de por medio claro está pues la U de C hoy administra un presupuesto de 3 mil 323 millones de pesos por año.

Mancilla Fuentes, después de ser presidente de la FEC, hoy está al frente de la DGEMS pero no por aptitud y sólido perfil académico precisamente, sino porque Hernández Nava le debe la rectoría, lo que permite subrayar entonces que en la U de C la aptitud, el conocimiento, el mérito académico y la ética es lo de menos para alcanzar una alta responsabilidad educativa institucionalmente, siendo extensivo ello a otros funcionarios más cuyo mayor mérito académico es haber logrado grados de posgrado en la propia U de C y mientras los obtuvieron no dejaron de ser alto funcionarios, siendo entonces la “productividad académica” un mérito que sólo el rector valora.

No es entonces casual que Hernández Nava al otorgar 14 nombramiento este 3 de septiembre en curso, corone su retorico discurso rectoral hablando de “unidad y lealtad a la institución” para enfrentar los retos próximos de la U de C. En contrasentido, los viejos hábitos de una administración rectoral verticalizada, en realidad constituye un lastre institucional, como lo ejemplifica Mancilla Fuentes que con nula formación docente y cero productividad académica, además de joven engreído, tiene una enorme y trascendente responsabilidad e injerencia académica a nivel de Educación Media no de la U de C sino del Estado de Colima.

No es tampoco casual que México viva una crisis generalizada de confianza en las instituciones.

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