La revolución de la esperanza

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“La esperanza es un elemento decisivo para cualquier intento de efectuar cambios sociales que lleven a una vivacidad, conciencia y razones mayores.”

-Erich Fromm, la Revolución de la Esperanza.

La crisis que vive México, en su diversidad y con sus particularismos locales nos convoca a pensarnos juntos en un momento de convulsión social donde aparecen un montón de voluntarismos en búsqueda de fuerza y respuestas. En estos momentos es una prioridad la estrategia y el diálogo para clarificar objetivos y articular. Las diferentes organizaciones sociales y políticas, así como los ciudadanos, estamos obligados a dar el debate en torno a nuestras diferencias políticas, darle la vuelta a la disputa por espacios y enfocar la atención en estrategias de proyección de un proyecto colectivo que ofrezca Esperanza a una gran parte de la sociedad mexicana que está en movimiento.

Durante años las diferencias de experiencias, tradiciones y construcciones han obstaculizado posibilidades de avance en diferentes planos, y aunque han sido imprescindibles para el esclarecimiento de posturas y la acumulación de fuerza, corren el riesgo de ser eliminadas, cercadas o absorbidas por los dispositivos de poder sistémico.

Hoy más que nunca nuestra tarea política empieza por lo humano, por generar empatía y confianza, por no reducir el compañerismo a un reforzamiento compartido de identidades.

Todas las formas de oposición al proyecto neoliberal y el desarrollo capitalista necesitamos construir un espacio para concebir táctica, para proyectar acciones políticas congruentes con una visión de cambio social. Ese es el proyecto de emancipación y justicia que buscamos. Necesitamos alejarnos de los comportamientos políticos automáticos. El sujeto de cambio no está determinado, se construye en medio de la historia y por definición es plural y diverso. Cualquier construcción política emancipadora necesita del pueblo para nutrirse, desbordarse y orientar la coordinación y articulación de las distintas organizaciones.

Reivindicamos la Esperanza como una herramienta estratégica que articule distintas luchas y nos obligue a superar nuestros particularismos. Pasamos de la resistencia al combate con un objetivo: Sumar, junto con otras organizaciones, una alternativa política al neoliberalismo y el oligopolio de la política mexicana expresada en un tripartidismo descompuesto y al servicio de las élites de poder transnacional. El desafío actual nos invita a ser radicales, y esto implica aceptar y construir la posibilidad de una estrategia independiente que teja las luchas por abajo y por arriba, conectando y retroalimentando vínculos con una construcción de base, pues es esta la que soporta y dirige los cambios profundos que necesita nuestro País.

No podemos renunciar a la política, mucho menos a una política impregnada de Esperanza, nuestra congruencia radica en que jamás hemos actuado dócilmente por recursos a cambio de dejar las calles o recluirnos en espacios de negociación entre cúpulas, renunciamos a una denuncia meramente testimonial. Para nosotros, el Estado es una relación social, una instancia política de dominación donde los de abajo influyen en su articulación a pesar de su posición de desigualdad. Las relaciones sociales están sujetas a constante cambio, por lo que la estrategia y la fuerza colectiva puede significar cambiar estas relaciones aunque sea de manera parcial, lo que de ninguna manera obstruye que las fuerzas colectivas se mantengan firmes en la construcción de su propio poder.

Las disputas sobre y en el Estado así como los ensayos electorales son entendidas como una tarea de etapa y no de un fin en sí mismas. Por esta razón es central rescatar el concepto de una Revolución de la Esperanza, entendiéndola como paradójica pues no es ni espera pasiva, ni un violentamiento ajeno a circunstancias que no se puedan dar. Tener Esperanza, por el contario, significaría estar presto a lo que todavía no nace. Por eso, Erich Fromm aclara en su libro La Revolución de la Esperanza “Ni el reformismo sin reformas, ni el aventurismo falsamente radical son expresiones de Esperanza. Pues violencia y comodidad solo demuestran una Esperanza débil o inexistente, por el contrario quienes cuya Esperanza tiene fortaleza pueden ver y fomentar todos los signos de la nueva vida para ayudar al advenimiento de lo que se halla en condiciones de nacer; un

movimiento cuya Esperanza no sea espera pasiva, sino acción colectiva, creación de ciudadanía, unión de voluntades para construir un México democrático, justo y libre”.

Vladimir Parra Barragán. Presidente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena Colima.

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