Los hoyos de la ciudad

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Los hoyos de la ciudad son los hoyos de nuestra sociedad, de la corrupción y la indiferencia, del autoritarismo. Como diría Zygmunt Bauman, no es que falten ideas, esas sobran pero faltan espacios (y voluntad) para hacerlas efectivas.

Durante el año 2010 tuve una serie de acercamientos con jóvenes que participaban en grupos de promoción de ciclismo urbano, lo que me fue llevando a conocer redes de grupos incipientes que se forman y desaparecen con la intención de mejorar la calidad de vida en la ciudad. En su generalidad de clase media y con formación universitaria, muchos llegamos a pensar que estos grupos de acción colectiva se imponían como una moda, como un mecanismo de construcción de identidad (como si los partidos políticos o los movimientos sociales no lo fueran). Ese es el discurso adulto y oficial que ve cualquier agenciamiento juvenil como una calentura insignificante que pasará con el tiempo.

Pero conociendo de cerca sus inquietudes, participando de sus actividades y sumándome a una que otra reunión infructuosa, constaté el compromiso social que sustentaba la formación de estas grupalidades y redes. Al ser muchos de ellos universitarios y en mayoría de áreas afines al desarrollo urbano, me ofrecieron una mirada del desperdicio que se hace del talento juvenil en nuestro estado, pero sobre todo, del desprecio de sus intenciones y capacidades.

Cuando se hizo público el proyecto de construir los puentes que ahora separan e inundan la ciudad, muchos de ellos se abocaron a escribir a las dependencias gubernamentales correspondientes para despejar dudas, para preguntar por las ciclovías, para pedir planos. Las respuestas siempre fueron evasivas, trasladándose responsabilidades entre gobierno estatal y federal, y cuando se llegaba al lugar indicado, la respuesta era que ya todo estaba planeado y presupuestado, la obra no podía modificarse ni detenerse. Ellos advirtieron los peligros de inundación, el aumento del calor, la compliejización del tráfico, el riesgo de accidentes.

Se supone que las normativas oficiales indican que para realizar este tipo de obras deben realizarse procesos de información y consulta a la población implicada. Esto jamás se realizó.

Por no enarbolar un discurso con conceptos de izquierda y no militar en movimientos o partidos se clasifica a estos jóvenes como despolitizados o carentes de conciencia de clase. Recuerdo cuando una integrante de “Pedaleale Colima” me dijo con toda claridad que sabía que la ciudad crecía de acuerdo a los intereses económicos dominantes, “todo al norte está impulsado por los Brun” y sus influencias en el gobierno, “van a dejar a la ciudad sin pulmones”, “la van a segmentar”. Esto me lo contaba al final de una reunión que tuvieron con expertos en el tema de planeación urbana y con funcionarios públicos, con el fin de buscar insertar el tema de las ciclovías en la agenda de gobierno. Con frustración relató cómo fueron escuchados pero sus argumentos ni siquiera fueron tomados en cuenta, en su cara les dijeron que eso de las ciclovías no resolvía nada, que era un tema que traían de moda por ser jóvenes inquietos pero ya se les iba a pasar. En esa reunión se cerraron filas para promover las modificaciones al tercer anillo periférico y la construcción de otras vialidades que ahora solo causan molestias.

Durante una de las tradicionales rodadas de los martes otro integrante me platicaba sobre su tesis no terminada, la dejó de lado porque los profesores se burlaron de su trabajo, aunque uno de ellos intentaba apropiárselo. Después parte de su proyecto fue comprado en Guadalajara. Él mismo me contó cómo debido a la corrupción y la mala planeación, los estragos del crecimiento urbano después requieren que importemos tecnología y profesionistas cualificados. Aquí difícilmente se forman y aquí difícilmente son escuchados.

¿Y después nos quejamos de nuestras ausencias? ¿Y después preguntamos porqué hay apatía? ¿Después nos quejamos de porqué se protesta en las calles?

 

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