La casta política: los privilegiados del siglo XXI

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Una nueva Revolución se halla en ciernes: no será violenta ni sus efectos se percibirán en el corto plazo. Pero los historiadores del siglo XXII la analizarán con admiración y perplejidad.

La casta de los políticos de profesión, que se ha encaramado a todos los resortes del poder y ha logrado ahogar el impulso de la ciudadanía, ha emprendido el camino hacia su ocaso, impulsada en buena parte por su desmedido afán de lucro y por la falta de recursos morales para combatir el cáncer de la corrupción que se ha cebado en las filas de los partidos políticos.

El arma para acelerar el fin de los políticos profesionales que han hundido proyectos tan ilusionantes como la Unión Europea está en el cultivo de la propia inteligencia a través de la lectura, en pugna con unos sistemas educativos concebidos para aniquilar de raíz la capacidad de pensar por sí mismo. Por eso la Revolución surgirá en aquellos países europeos donde el despotismo de esos privilegiados ha llegado a su cénit.

Me quedo con la respuesta genial de Arturo Pérez-Reverte cuando fue interrogado sobre su ideología: “yo no tengo ideología porque tengo biblioteca” (http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/arturo-perez-reverte/20130901/conmigo-contra-6099.html).  Si logramos persuadir a nuestros conciudadanos para que lean, para que adquieran criterio propio, lograremos que escapen de los mecanismos de adoctrinamiento ideados por los detentadores del poder.

Es preciso empeñarse en acelerar el fin de la casta de los políticos profesionales. Aquí cedo la palabra a Juan Luis Cano, cómico, escritor y persona normal, que no es poco: la receta para los problemas de España está en que “los políticos profesionales den paso a los profesionales políticos, a los ciudadanos brillantes”.

Neguemos el voto a los que una y otra vez han demostrado que tan sólo les interesa sumar sufragios, aun a costa de hundir al adversario mediante el insulto, la calumnia o la siembra del odio.

 

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