El regreso de Voldemort y la urgencia de la militancia: entre lo fácil y lo correcto

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Hueso del padre tomado sin saberlo, carne del lacayo ofrecida voluntariamente y sangre del enemigo tomada por la fuerza se mezclaron para darle vida nuevamente al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos: Lord Voldemort. Harry logró escapar con ayuda de los espectros que en el pasado combatieron al Señor Tenebroso para anunciar a los cuatro vientos que él había vuelto. ¿Quiénes creen en esta atronadora voz de profeta bíblico que ha visto los signos de los tiempos y señala lo que podría venir si no se hace algo ahora? Unos pocos, entre ellos Dumbledore que sabe que llegó el momento de tomar partido: “Se acercan tiempos difíciles y oscuros. Pronto debemos elegir entre lo que es correcto y lo que es fácil”.

Pues bien, estos tiempos oscuros han llegado. No solo es la emergencia sanitaria que ha puesto de cabeza al mundo, sino el conglomerado de crisis que se entrelazan y se potencian unas a otras: una crisis económica, de esas que en el capitalismo son cíclicas, de la que no hemos terminado de salir desde 2008 y cuyo recrudecimiento se comienza a sentir; una crisis de cuidados en las que las mujeres son obligadas a hacerse cargo de las infancias, los enfermos y los adultos mayores en un contexto de pandemia, precariedad y recortes a la asistencia social; una crisis ambiental que avanza viento en popa ante la negativa de los grandes empresarios y sus gobiernos de reducir si quiera un mínimo las emisiones de CO2; y una crisis de seguridad y democrática que nos tiene en un estado de guerra permanente y con la bota autoritaria presionando cada vez más sobre nuestros cuellos.

Es el viejo mundo que muere sin darle paso al nuevo. El claroscuro donde los monstruos surgen y el camino se bifurca entre lo fácil y lo correcto.

Lo fácil sería, en el mejor de los casos, promover como hasta ahora la figura del activista, con todas las limitaciones que ésta presenta. Se es activista siempre en solitario, pues aunque realice acciones con más personas, no responde a ninguna reflexión o plan colectivo: carece de estrategia y por lo tanto replica siempre la misma táctica o le da igual y actúa por corazonadas. El activismo es intermitente y sectorial, se hace presente nada más en las coyunturas y solamente en aquello que le interesa de manera personal, desapareciendo cuando viene el reflujo para volverse a encerrar en la fragmentación de la vida cotidiana. En general, el activista rechaza lo político y cae, por impotencia o por comodidad, en la ilusión social.

Lo correcto sería rescatar la militancia revolucionaria. El militante sabe que el mundo no comenzó ni terminará con él, por tanto no hace borrón y cuenta nueva del pasado, sino que aprende de los aciertos y errores de quienes le antecedieron para proyectar la lucha en el presente y en el futuro: tiene una estrategia que le hace aplicar tal o cual táctica según el momento. Al contrario que el activista, el militante no puede existir sino en colectivo, partiendo siempre de una reflexión conjunta para la acción organizada. La militancia no es una actividad de ocio que se deja para cuando se tiene ganas o tiempo, sino un compromiso con un proyecto transformador que vive tanto en la espectacularidad de las movilizaciones y las coyunturas, pero sobre todo en el trabajo terco y silencioso del topo que cava túneles preparando las irrupciones futuras. Es un estilo de vida, presente tanto en los éxitos como en las derrotas, en los momentos en que pareciera que la historia se acelera abarcando semanas en un solo día, pero también en aquellos en que el presente se alarga en un aburrimiento sin fin.

A Voldermort no lo venció Harry en solitario. Lo derrotaron la inteligencia de Dumbledore, la decisión de Hermione, la lealtad de Ron y la entrega de un grupo organizado llamado la Orden del Fénix, que abierta o discretamente, siguiendo el ritmo de los acontecimientos, eligió lo correcto y se abocó a un trabajo constante a favor de un proyecto liberador.

Dice Teresa Rodríguez, una extraordinaria revolucionaria andaluza:

“Nuestro compromiso militante tiene que ser fuerte para estar a la altura de las circunstancias, ese impulso primario y maravilloso que de negarnos testarudamente a permitir lo injusto, tiene que convertirse en capacidad de elaboración, organización y acción colectiva, en toda nuestra diversidad. Militamos porque así vivimos. Nosotras tenemos otra forma de entender la política porque tenemos otra forma de entender la vida.”

He ahí lo que estos tiempos difíciles y oscuros requieren de nosotras y nosotros, ¿lo tendremos claro? Defendamos la militancia como una trinchera.

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