La T no es muda

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“No es ‘feliz’ día de la Visibilidad Trans hasta que los medios dejen de ignorar la violencia hacia personas transgénero. Tampoco es feliz hasta que dejéis de negar su existencia o de rebatir su identidad con argumentos de mierda. Es un día de lucha y también de luto.”

@paupasdf en Twitter

Ayer, 31 de marzo, fue el Día Internacional de la Visibilidad Trans, fecha que gracias a numerosos y numerosas activistas de esta comunidad se ha conmemorado desde el año 2009. Frente a una G que parece haber crecido exponencialmente en las últimas décadas engullendo al resto de las siglas LGBT, el colectivo transgénero, transexual y travesti ha luchado, no solamente por hacer presentes su voz y sus demandas, sino su misma existencia.

Las personas trans son aquellas a las que les fue asignado al nacer, basado en sus genitales, un género con el cual no se identifican. Por eso, al referirnos a ellas, hablamos de identidad de género y no de orientación sexual: puede haber mujeres y hombres trans homosexuales, bisexuales o heterosexuales.

México es uno de los peores países para nacer trans. La última Encuesta Nacional sobre Discriminación que hizo la Conapred en 2017 arroja datos aterradores. Es el sector de población más discriminado, pues el 72% de las y los encuestados declararon que los derechos de las personas trans son poco o nada respetados. El 33% y el 44% de las personas encuestadas dijo que no les rentarían una recámara de su vivienda a mujeres trans y hombres trans, respectivamente. Estas cifras están por arriba de otros colectivos tradicionalmente discriminados como las y los indígenas, homosexuales y personas con discapacidad.

La marginación se potencia con las condiciones de inseguridad y precariedad que imperan en nuestro país. Las fuerzas necrófilas desatadas por la guerra de Calderón alcanzaron también a una comunidad que de por sí cuenta con una esperanza de vida de apenas 35 años: México ocupa el segundo lugar en transfeminicidios, con la característica impunidad que acompaña a la impartición de justicia. 

Brahim Zamora Salazar, miembro del Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos, nos aporta datos para caracterizar a la población trans en el mundo del trabajo. El rechazo que reciben en el seno de sus familias y del resto de las instituciones sociales les imposibilita acceder a los niveles medios y superiores de educación, por lo que son orilladas, sobre todo las mujeres trans, a emplearse en labores precarias o peligrosas, como la estética, los shows travestis y el trabajo sexual, éste último ejercido en condiciones tan insalubres que las convierte en unos de los sectores con las mayores tasas de VIH-SIDA.

Ha habido algunos avances en el terreno legal en los últimos años, con la aprobación de Ley de Identidad de Género en ciertos estados, siendo Colima uno de ellos. Sin embargo, queda mucho por hacer en los ámbitos culturales, educativos y laborales. 

La cuarentena propiciada por la pandemia de Covid-19 supone un calvario para gran parte de las personas trans confinadas a entornos familiares que las rechazan y las violentan, además de la afectación en sus ingresos por motivo de la “sana distancia”: en un video que circulaba en redes sociales, una trabajadora sexual trans de Colima se quejaba de que “no hay personas en el centro”. Causó gracia en muchos. Pero para ella, como para muchas más, este video demuestra cuán inciertos pueden ser los próximos meses, e incluso los siguientes años, si tomamos en cuenta la crisis económica que se avecina y que los grandes capitalistas nos harán pagar a nosotros y nosotras.

La emancipación trans pasa obviamente por la auto-organización de ellos y ellas mismas, en lucha constante por afirmar su existencia frente argumentos religiosos, biologicistas y machistas incluso dentro de la misma izquierda y algunos grupos del movimiento feminista. Pero necesita de aliadas y aliados, prestos a tenderles la mano y cuestionar en nosotros mismos y en nuestros círculos cercanos cuánto de transfobia llevamos dentro.

Hace 50 años, unas mujeres trans racializadas lanzaron las primeras piedras contra la represión policial para dar origen al Día del Orgullo y a la lucha por los derechos de las disidencias sexuales. A quienes somos LGBT o simplemente disfrutamos de nuestra sexualidad libremente, nos toca retribuirles.

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