Cómo nos miran

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En México, al igual que en el resto de la América Latina, el gobierno se enfrenta a un fenómeno que crece y se multiplica: los movimientos sociales.

Ante una falta de respuesta concreta, las personas, conformadas en grupos diversos, ha utilizado la protesta social como un medio para ser escuchados y atendidos en sus necesidades más apremiantes. Esto ha llevado a confrontar al estado con la población y olvidándose de quién lo llevo al poder, este gobierno se ha encargado de criminalizar los movimientos sociales, en lugar de presentar propuestas concretas que permitan la solución de problemas sociales.

A pesar que desde el gobierno acusan que es el nuevo populismo y el nuevo socialismo quienes son los que están propiciando, según su dicho, “desestabilización social” a través de estos movimientos, la verdad es que el asunto está radicado en el profundo desarrollo de un capitalismo voraz, que solo se preocupa por acumular, a costa de todo y de todos y que es el que dicta las políticas económicas y sociales que se dan en nuestro país.

Los salarios tan bajos, que ya con tiempo han señalado organismos serios como el Centro de Investigaciones Económicas de la UNAM, no permiten a las personas resolver sus necesidades básicas. Cada vez son menos productos de la canasta básica que se pueden adquirir con el salario mínimo. Tan mínimo que hay que buscarlo con lupa en el fondo del monedero para poder encontrarlo.

Las reformas estructurales han dejado sin dinero al país. Si antes contábamos con los excedentes del petróleo para sostener la educación y el sistema de salud, ahora nos encontramos que en este tipo de instituciones públicas no se cuenta con lo mínimo necesario para que se atiendan estos derechos humanos de las personas. Salud y educación no reciben la atención que se merecen en el contexto actual de la política mexicana.

Por si fuera poco, la clase política, decadente y elitista, se aumenta lo salarios, se aprueba las partidas y se gasta nuestro dinero en campañas permanentes, en busca de votos para la siguiente contienda.

La justicia no se imparte adecuadamente, el dinero público se gasta en lo que no debiera y la gente común y corriente, sufre cada vez más la inseguridad que las instituciones y las políticas públicas han convertido en una lastimera realidad.

Hay inseguridad laboral, porque las reformas laborales ya no permiten que nadie pueda tener asegurada una vejez digna. ¡Que contradicción! Se ha buscado que haya más esperanza de vida y ¿para qué? Para ser viejo y no tener nada y morirte de hambre.

Hay inseguridad en las calles porque aquellos que deben de cuidarnos, la policía, está ocupada en cuidar a unos narcos de otros, porque ellos si pagan y nosotros no. La gente en nuestro país y en Colima ha normalizado la violencia y ahora se advierten unos a otros en las redes sociales, por donde deben trazar la ruta para salir de casa y no toparse con algún cadáver.

Hemos normalizado la inseguridad y nos callamos ante las injusticias.

Ante estas situaciones y frente a un estado represor, los movimientos sociales se presentan como “desestabilizadores”, cuando en realidad, son las voces que se atreven a denunciar lo que se ha callado durante mucho tiempo y ya no puede callarse más. #NoTengoGanasDeCallarme.

*Por la paz y la justicia social, busquemos el desarrollo de todos los pueblos.*

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