La Ley Orgánica

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En la Universidad de Colima, desde los años ochenta, rige la ley máxima que confiere al rector todo el poder sobre todas las cosas, personas, funciones y dependencias. La ley le llama “jefe nato”. Eso pareciera significar que nació para ser el jefe, como designio divino.

El jefe nato tiene la posibilidad de quitar y poner a los trabajadores de todos los niveles en la universidad, de decir quién entra y quién no a trabajar en la universidad. La ley le da al rector el poder absoluto para contratar y descontratar personal administrativo, directores de escuela o facultades, profesores, investigadores y funcionarios.

Él lo es todo en términos laborales. Por eso cuando los trabajadores se inconforman, el discurso de los directivos es “recuerda quién te da el trabajo”. Por eso los trabajadores temen decir lo que pasa en la universidad. Por eso están todos condicionados. Por eso el Rector no quiere que cambie la Ley Orgánica “no estamos preparados” dice. Seguramente que no. Ni el ni ninguno de los que mandan en la universidad. No quiere perder su privilegio.

La Ley Orgánica de la Universidad debe cambiar, no solo porque dice que el rector es líder nato, sino también porque dice muchas cosas que no se cumplen. Porque no ha servido para desarrollar los propósitos que se plantearon desde su creación y que, a la larga, resultan contradictorios. Por ejemplo, para justificar su creación, se dice que la universidad requiere de autonomía, pero “no la autonomía como poder dentro de otro poder, sino como expresión de la libertad de conciencia que deben gozar los miembros de todas las universidades y poder ampliar o limitar sus posibilidades de desarrollo”.

La Universidad de Colima y sus dirigentes, se han constituido como un poder dentro de otro poder y no permiten libertad de conciencia política entre sus integrantes, además de que limitan las posibilidades de desarrollo de aquellos que no piensan como ellos. Se les olvida que la universidad es un espacio público, que mantiene el pueblo y que ellos solo están de paso en ese puesto, aunque su paso por el poder, en algunos casos, ha durado cuarenta años.

En su texto, también dice que “Se precisa que la Universidad no pierda de vista los límites de su capacidad como instrumento coadyuvante del cambio y la transformación social, y que sepa delimitar sus obligaciones, exponiendo el conocimiento de los problemas que afectan la sociedad en general y a su claustro en particular”.

En ese sentido, la Universidad ha sido mas bien un instrumento de permanencia, que de cambio. Las transformaciones sociales asustan a sus dirigentes y hay cosas de las que no se habla en las aulas. La inseguridad, los movimientos sociales, los feminicidios, la violencia generalizada, la corrupción, no son temas a tratar, porque implican al gobierno y, en este caso, gobierno y universidad son uno. Por eso están prohibidos esos temas en las aulas.

Se supone que con esta ley “Queda garantizada… una vida sana para la institución, orientada a la fiel observancia de los principios de libertad y autonomía. Lo anterior presupone… respirar una atmósfera que favorezca el ejercicio docente moral y materialmente saludable y compendiar los mecanismos que garanticen la difusión sistemática y eficaz de la cultura”.

No se a que se refiera la ley cuando dice “ejercicio docente moral y materialmente saludable”, pero yo creo que no tiene nada que ver con el hostigamiento cotidiano que se hace a quienes cuestionan, hacen crítica y buscan mejorar la universidad desde otras perspectivas teóricas, políticas y morales que no tienen que ver con el fraude, la corrupción y el abuso de los trabajadores. Creo que no se refiere a la costumbre de no dar cuentas a los trabajadores del dinero que le es retenido para múltiples fondos que la universidad obliga a los trabajadores a ahorrar. No me parece que tenga que ver con que los profesores y hasta intendentes, tengan que comprar sus materiales para realizar su trabajo cotidiano. No creo que se refiera a eso. A menos de que yo entienda mal.

Es tiempo de cambiar.

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