Menos impuestos ¿Más escuelas patito?

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El adjetivo patito ha pasado de designar escuelas sin registro legal a nombrar aquellas instituciones educativas que siendo legales o no, ofrecen servicios educativos de pésima calidad. Las escuelas patito pululan en México por la demanda del mercado, los déficits de cobertura de las instituciones públicas y la facilidad de trámites para abrirse una escuela en cualquier edificio y con cualquier tipo de personal.

No toda la educación privada es mala, pero por lo que he observado en Colima, la mayoría de las instituciones particulares de educación en el nivel medio superior y superior, son una burla. Doctorados de dos años en línea, instalaciones que se están cayendo y donde apenas caben 5 alumnos, plantillas de profesores sin formación pedagógica, y un largo etcétera, son las opciones que tienen muchos colimenses para quienes una oportunidad en la Ucol está negada.

Ignacio Peralta se comprometió a mejorar la calidad educativa, y dejando de lado la cuestión de cómo medir esto, resulta sospechoso que eliminar el impuesto que pagan las escuelas particulares impactará en una mayor calidad y cobertura educativa. La cuestión es lógica: sin impuestos un negocio se vuelve más rentable, entonces lo que se incentivará es el crecimiento de estas escuelas sin ningún control sobre su calidad, y nada nos asegura que esto impacte en menores costos para los usuarios.

En términos simples, la derogación de este impuesto se traduciría en más oferta sin garantía de calidad, sin garantía de mejores precios, una mayor tasa de retorno para los dueños de los negocios y la pérdida de ocho millones de pesos al año con los que se podría financiar investigación científica, becas o desarrollo de proyectos pedagógicos. Con 8 millones de pesos al año se podrían financiar al rededor de 25 becas de posgrado para estudiar en el extranjero.

Desde hace años el gobierno estatal, los gobiernos municipales e incluso la FEC, se han convertido en los principales impulsores de las instituciones de educación privada y hasta les hacen trabajo de propaganda y administrativo. Quizás con buenas intenciones, gobierno y Federación promueven becas en diferentes institutos particulares, le hacen publicidad gratis a las escuelas, y hasta se encargan de recibir y analizar los documentos para los descuentos.

Se supone que la reforma educativa impulsada por la presidencia de la República se propone combatir los monopolios sobre la educación. En un ejercicio de congruencia, el gobernador, el secretario de la juventud, la FEC y los presidentes municipales deberían revisar sus políticas porque le están haciendo la chamba a los mercaderes educativos en lugar de velar por los intereses colectivos.

Por supuesto que no hablo de instituciones como el colegio Campoverde o el colegio Anáhuac, que se han ganado a pulso un status de calidad y con alta demanda, y claro que quien puede pagar tiene el derecho de acceder a ellas. Estas escuelas no necesitan la propaganda gubernamental, aunque seguro a sus dueños y gerentes no les caería nada mal la nueva política de privilegios fiscales. Insisto: derogar este impuesto no asegura calidad sino más renta.

Dejando de lado estos casos pensemos en instituciones como la Univer, el José Martí, el Instituto Atenas y otros tantos que seguro ni sabemos su existencia ¿de verdad sin impuestos mejorarán la calidad de su oferta? Porque hasta donde hay mediciones, están en el fondo de los indicadores de desempeño de sus estudiantes ¿No sería mejor poner a chambear a la SEP? Quién sabe, porque resulta que los encargados de verificar este tipo de escuela son cuadros del PT.

 

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