La democracia no es para los santos

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La Iglesia católica protagonizó otro episodio de movilización para defender el orden de su doctrina espiritual sobre la ley. Es casi natural esperar que el gremio religioso se posicione frente a temas que tocan el sistema nervioso de su idiosincrasia, sobre todo cuando parece que su convocatoria moral está en declive.

La semana pasada se realizaron movilizaciones para defender la vida y la familia en todo el país, o para ser precisos, en contra de la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Por supuesto que estas acciones tuvieron su réplica en Colima, una entidad que cuenta muertos diario y por los que la Iglesia no ha desatado brigadas de promoción de la vida.

Hace dos legislaturas, las fuerzas religiosas en Colima detuvieron la aprobación del matrimonio igualitario con cabildeos silenciosos entre los diputados, pero hoy eso ya no basta. El poder de influencia de la Iglesia es más bien débil, por eso tienen que recurrir a la presión política, a la corrupción y a la violación de principios democráticos si es necesario.

El sacerdote Antonio Aguirre Cruz, declaró ante los medios de comunicación la voluntad antidemocrática y autoritaria de sus demandas. Cuando se le cuestionó sobre la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dijo: “nosotros queremos defender la vida, con ellos sin ellos o a pesar de ellos terminaremos con esa opción porque es parte de nuestros principios y necesitamos ayudar a mucha gente a que crezca en su conciencia crítica y vaya viendo que la vida es un don de Dios”.

Con la ley, sin la ley o a pesar de la ley, los auto proclamados guardianes de la verdad promueven su doctrina. En este sentido ¿qué tan distintos son los dirigentes católicos de los políticos corruptos? Si sus creencias y fines están por encima del Estado de derecho, tampoco podemos diferenciarlos mucho del crimen organizado.

La democracia no es para los santos y la ley de nuestras sociedades no la elabora ningún Dios. Si así fuera, la única forma de decidir qué doctrina adoptamos sería el enfrentamiento armado, la historia demuestra que las leyes divinas sólo sobreviven de esa manera. Los religiosos tienen todo el derecho de promover sus valores pero no saltándose el principio que nos permite convivir de manera civilizada. Quizás serían felices en un Estado de tipo Yihadista.

Me parece que las élites religiosas (al menos las más importantes) se están equivocando de diagnóstico y culpando a otros de sus propios fallos. Parece que desconfían del poder de sus dioses, sobrevaloran el de la ley y desprecian la capacidad de decisión de los seres humanos como individuos que merecen igual valor e igual respeto.

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