El pequeño robot azul

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¿Cómo suena la vida? Tr, tr, tr, tr, trrrr,trrrr, trrrr, ttttttt En la pantalla se lee: 86, 86, 102/47, 26…. El sonido continúa: Rrrrrrrrrrrrrrrrr, Cambia de repente: Pei, pei, pei, pei, pei,,, Cambia otra vez: Tit, tit, tit……

Así suena la vida cuando está conectada al respirador, que lleva el oxígeno, cuando está conectada con electrodos, cuando el oxímetro marca los tiempos vitales, cuando el monitor donde se ven los signos vitales, te dice lo que está sucediendo. Así suena la vida cuando no dejamos que se vaya, cuando no queremos que aquellos a los que amamos, se ausenten, cuando nos aferramos a los cuerpos inertes de aquellos que significan algo para nosotros. Así suena la vida cuando ya no se puede decir lo que se siente, cuando los demás deciden lo que tú ya no puedes decidir. El latido del corazón desaparece ante el ruido que hacen los aparatos, se vuele imperceptible, asusta, parece por momentos que aquellos que queremos ya se van y da pesar. 87, 87, 100/47, 23…. Sigue latiendo el corazón y se va acabando la fuerza, se va acabando la respiración. Ya no se mueve. Ya no llora, ya no protesta, ya no puede opinar. La persona que amas depende total y absolutamente de ti. ¿Qué decidir? ¿Qué hacer?

Lo miras y casi no lo reconoces. Está como dormido. Sus arrugas desaparecieron de tan hinchada la piel. Parece que ha rejuvenecido 20 años. Su faz está llena de paz, no hace muecas, no da muestras de sentir ningún dolor. Los párpados están abotagados, los ojos no se abren ya. La máscara le aprieta la cara y le hace heridas en la piel de la nariz y la barbilla. Esas heridas están también en la espalda. Por la inmovilidad se hacen llagas que no se alivian, pero que no se sienten (¿De verdad no se sienten? NO lo sé).

El pequeño robot azul sostiene la vida. Tiene unos brazos azules que llevan y traen gases. Oxígeno entra, dióxido de carbono sale. Ninguno en las cantidades que debiera, porque el primero no entra tanto como debe y el segundo se queda más de lo que se necesita. El robot azul se vuelve imprescindible. Dicen que si lo apagan, no dura ni seis horas….

¿Hasta cuándo es ético sostener una persona viva? No hablo de eutanasia, que implica provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra. No hablo de eutanasia pasiva, que consiste en no aplicarle a una persona con enfermedad incurable, tratamiento alguno para prolongar su vida, con la finalidad de evitarle todo sufrimiento. Hablo de desconectar una persona que padece una enfermedad incurable, de cualquier medio mecánico que sostenga su vida. Hablo de no dejar que un robot sofisticado marque el ritmo de su corazón, alimente su cuerpo con proteínas procesadas que entran directamente al estómago, sin pasar por la boca, porque ya no puede esa persona masticar ¿Vale la pena alargar el proceso de agonía? ¿Es éticamente correcto dejar que viva una persona que no puede, por sus propios medios, sostenerse? Pensando en todo eso, ya he decidido. Si me encuentro en esas circunstancias, no quiero que me conecten a ningún robot azul.

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