Costosa legitimidad

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A poco más de un mes de la jornada electoral, los debates entre militantes partidistas se van desvaneciendo, los temas de controversia corresponden a la cotidianeidad del contexto presente y la esperanza de muchos por romper con la hegemonía priísta de 86 años ininterrumpidos (aun con un juicio de impugnación sin resolver) se debilita conforme se acerca el primero de noviembre y el candidato del PRI a la gubernatura con constancia de mayoría, Ignacio Peralta Sánchez, se involucra progresivamente en los problemas del estado (principalmente los de índole financiero), que además da a conocer de manera pública como parte de su estrategia para enfatizar su “inminente” mandato durante los próximos 6 años.

Sin embargo, el reto más grande de Peralta, no será haber llegado al gobierno del estado como su máximo representante; y vaya que muchas veces vio sus oportunidades menguar ante su evidenciado desempeño como presidente municipal, la mala imagen que le crearon algunas compañías, unos que otros desatinos de sus estrategas de campaña y hasta los “chicharronazos” que hay que reconocer, soportó estoicamente y solo permitió se los propinaran una vez.

El reto más grande de “Nacho” será legitimar su gobierno ante un estado chico, que cada día tiene más acceso a la información, y frente al que ha quedado mal anteriormente y ante el que su índice de confianza hacia el partido que “lo vio nacer” ha disminuido en gran parte gracias al presidente de la república, Enrique Peña Nieto, en el que “Nacho“ se sigue apoyando públicamente como si se tratara de José Mujica y este fuera a respaldar su recién apaleada imagen.

Además de la justicia social y las buenas relaciones internas con la estructura administrativa de su gobierno, para los dirigentes visionarios es esencial contar con la credibilidad y aprobación de su ciudadanía, pues es una forma de medición para calificar la efectividad del desarrollo político, social y económico por el que están erguidos. Credibilidad y aprobación que a “Nacho” Peralta le va a costar conseguir tras prometer para su futura gestión, diversos compromisos que en su momento asumió cuando era candidato a la presidencia municipal y que es sabido a estas alturas, no cumplió.

Recientemente, Ignacio ha declarado que dará a conocer la totalidad de la deuda pública del estado, que quien cometa actos de corrupción tendrá que acatar las consecuencias que la Ley establece, que se trabajará con absoluta transparencia en el gobierno, que investigará los supuestos contratos de la “casa chica” del gobernador, a lo que por supuesto aseguró ser “inflexible contra cualquier funcionario que se desvíe de lo que las normas establecen en materia del uso de los recursos públicos”, aseguró que velará por disminuir la inseguridad del estado que muy seguramente encabezará, pero la pregunta escéptica es ¿Será que ahora si nos lo firma y cumple?.

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