Denuncian a talleristas de Secretaría de Cultura por maltrato y amenazas

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Los talleristas de la Secretaría de Cultura de Colima, Beatriz García Morales y Sergio Morales, fueron denunciados ante el titular de la dependencia, Rubén Pérez Anguiano, por maltratos, burlas, chantaje y amenazas.

En una carta enviada al secretario de Cultura con copia a los medios de comunicación, Esther Muñoz Orozco, presunta agraviada, denunció a ambos maestros que imparten los talleres ‘Artesanías y Barro Rangeliano’ y ‘Pintura y Dibujo Experimental’, respectivamente, en la Casa de la Cultura de la capital.

La quejosa dijo que Beatriz García acudía de forma irregular a clases, se negaba a brindar la asesoría y los materiales necesarios, como las pinturas para las piezas de barro elaboradas.

“Un buen día llegó y nos dijo que ya iba a hornear, yo le dije que no las había pintado porque la estuve esperando, y dijo que no importaba que se hornearan y que yo comprara pintura y las pintara en mi casa. Cuando le reclamé frente a otros alumnos ella muy molesta, me dijo que yo era la que le había dicho que las quería pintar en mi casa, esto alzando la voz de manera grotesca”, narró.

Detalló que la maestra les cobraba 50 pesos por el barro y  la misma cantidad para llevar las piezas a hornear.

“Nunca nos avisaba cuando no iba a ir a “clase” y tampoco nos dejaba material para trabajar; nunca nos dijo donde comprar el material o donde se encontraba el horno”, añadió.

Asimismo, comentó que un día sostuvo un enfrentamiento verbal con la maestra. Incluso, dijo que el tallerista Sergio Morales ordenó a los guardias prohibirle la entrada.

“El miércoles 24 de junio que llego al taller me encuentro con el Sr. Sergio y me dice “¿usted a qué viene? Le dije vengo a recoger mis cosas, él me empezó a hostigar exigiéndome que me saliera, que no podía estar ahí y tronándome los dedos me exigía que me fuera o iba a tener que llamar al guardia, se acercó tanto que se paró junto a mí y me comenzó a gritar al oido, “se me sale pero ya!”, abundó.

A continuación la carta completa:

Lic. Rubén Pérez Anguiano

Titular de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima

P r e s e n t e .

Por este conducto me dirijo a usted respetuosamente para hacer una denuncia por maltrato, burlas, chantaje y amenazas por parte de los maestros Beatriz G. García Morales y Sergio Morales, quienes imparten los cursos de “Artesanías y Barro Rangeliano y Pintura y Dibujo Experimental”, respectivamente, en el edificio de Talleres de la Casa de la Cultura que usted dignamente dirige.

En el mes de febrero me inscribí al curso de “Artesanías y Barro Rangeliano” con un horario de lunes, miércoles y viernes de 16:00 a 19:00 horas, pagando mi inscripción en la recepción de la oficina de talleres, del que tengo mi recibo. Al comenzar el taller tuvimos tres clases seguidas, y después nos informaron que la maestra Beatriz García se había lesionado una pierna y no vino por 3 semanas, nadie la suplió en ese tiempo, y nadie por parte de la Secretaría llegó a informarnos qué pasaría con nuestro curso. Mientras tanto los cinco alumnos que pertenecemos a ese curso estuvimos trabajando solos a como cada quien entendía. Después la maestra se presentó pero una vez o dos por semana y se la pasaba platicando sobre lo que le había pasado con su pierna y prácticamente no nos daba clase. Cuando alguien se atrevía a preguntarle sobre el avance de sus piezas, ella se molestaba y no había atención alguna.

En varias ocasiones me dirigí a ella para solicitarle asesoría sobre el decorado de mis piezas, y siempre me decía “al rato” y ese rato nunca llegaba, al final de la “clase” me decía que al día siguiente y al día siguiente no iba, siempre me evitaba, no se quería molestar en darme la instrucción y yo en varias ocasiones le pedí la pintura para hacerlo como fuera; sin embargo pasaron 2 meses y nunca me las dio a pesar de que las pinturas estaban ahí. Sin embargo un buen día llegó y nos dijo que ya iba a hornear, yo le dije que no las había pintado porque la estuve esperando, y dijo que no importaba que se hornearan y que yo comprara pintura y las pintara en mi casa. Cuando le reclamé frente a otros alumnos ella muy molesta, me dijo que yo era la que le había dicho que las quería pintar en mi casa, esto alzando la voz de manera grotesca.

Siempre notamos el mal humor en que llegaba, ella se ponía a hacer piezas para ella con el barro que nosotros compramos y le molestaba que le preguntáramos cualquier cosa o interrumpiéramos su pláticas. Cada vez que se acababa el barro nos pedía dinero (esto es 50 pesos por alumno, aunque compraba solo con el pago de uno), pero nosotros no podíamos terminar nuestras piezas, por la falta de instrucción, mientras ella hacía tranquilamente las suyas, con nuestro material, además de eso en cada horneado nos cobraba (otros 50 pesos por alumno), por supuesto también horneaba las suyas. Nunca nos avisaba cuando no iba a ir a “clase” y tampoco nos dejaba material para trabajar; nunca nos dijo donde comprar el material o donde se encontraba el horno.

Curiosamente después de que yo le hacía ver algunos errores en varias ocasiones encontré mis piezas rotas y cuando le preguntaba me decía que era que yo no ponía atención en la “clase” y que hacía mal las cosas y por eso se rompían. A mí me tocó ver cómo cuando llegaba enojada, agarraba las piezas de otros compañeros que encontraba sobre la mesa y las tiraba al balde del reciclado, sin respetar ni importar de quien eran esas piezas. El maestro Sergio Morales por su parte utilizaba nuestra mesa y dejaba sucio el espacio de trabajo y nosotros teníamos que limpiar para que la maestra Beatriz no se molestara con nosotros.

Un día llegó muy enojada a decirme que no quería verme ahí con mis niños, que porque le habían llamado la atención, además me gritó porque pensó que yo había mezclado unas pinturas que estaban ahí. Tomó una pieza mía y gritando me dijo que qué porquerías había hecho, que nada estaba bien, golpeando la mesa y gritando me dijo que no quería que estuviera en el salón cuando ella no estaba. Me amenazó gritando y diciendo “te advierto no quiero volver a verte aquí”, y al ver que yo no le contestaba gritaba más, mientras el sr Sergio, que estaba ahí cerca, se burlaba y la azuzaba para que más me maltratara.

Ese mismo día al salir, me topé con el guardia de turno y le estaba yo contando lo que me había pasado, quien me dice “siempre llegan así de mal humor, tal vez sea ella a la que le llamaron la atención, y mire esa señorita que viene ahí es la asistente del director, que viene a ver qué está pasando, coméntele”. De pronto ella se acerca a nosotros y yo le comienzo a contar la violencia que estaba yo viviendo en ese taller, y ella me comenta “si, por eso me mandaron para ver qué estaba pasando porque ha habido muchas quejas y hay muy poca gente en los talleres”. Finalmente ella dice “le voy a pasar el reporte al director”.

Otra compañera del taller que se quedó ahí en el salón se quedó preocupada porque escuchó que el Sr. Sergio le decía a la maestra “que bueno que la maltrataste porque se la pasa siempre preguntándonos a nosotros de cómo mezclar las pinturas, que bueno que la pongas en su lugar, de todos modos a ti ¿qué te pueden hacer, si a mi no me hicieron nada cuando levanté a un niño? Y la próxima vez que yo la vea le voy a decir al guardia que la eche fuera de aquí con esos niños. Cabe mencionar que mis hijos solo iban a dejar ahí su mochila, nunca se quedaban en el salón donde yo tomaba el taller, ellos esperaban afuera o se iban a la biblioteca.

Dos días después el guardia me dijo que el Sr. Sergio le exigió “no quiero que vuelva dejar entrar a esa señora, que le cierres las puertas”. Después el mismo guardia me acompaña con el director Juan José Munguía, y le relata lo mismo que me había dicho a mi. El director me dice que iba a hablar con ellos.

El miércoles 24 de junio que llego al taller me encuentro con el Sr. Sergio y me dice “¿usted a qué viene? Le dije vengo a recoger mis cosas, él me empezó a hostigar exigiéndome que me saliera, que no podía estar ahí y tronándome los dedos me exigía que me fuera o iba a tener que llamar al guardia, se acercó tanto que se paró junto a mí y me comenzó a gritar al oido, “se me sale pero ya!”. Yo le dije que no me podía, sacar que él no era mi maestro y que yo había pagado un taller y tenía derecho a estar ahí; él se fue diciendo, “ah no se va? Ahorita la voy a sacar” y se va gritándole al guardia, quien no le hizo caso. En eso llega la maestra Beatriz y me comienza a gritar “ ya te dije que no te quiero ver aquí, cuando yo no esté, ya vi que le fuiste a chillar al director que te he gritado y no me importa, te voy a seguir gritando y si quieres que te hornee tus piezas me vas a pagar ahorita mismo, también me tronó los dedos diciendo “te me vas!” mientras el Sr Sergio burlándose decía ya ves te dije que te ibamos a sacar, que bueno que veniste Bety, sácala ya!”. Todo esto fue presenciado por la Señora Elizabeth que toma el taller de pintura con la maestra Elena.

Por todo lo anterior me dirijo a usted profundamente preocupada porque no logro entender cómo es posible que en una institución que promueve la cultura, puedan pasar estas cosas y que no haya una autoridad que tome cartas en el asunto, que seguramente muchas otras personas como yo han sufrido la violencia de estos maestros, dentro de los talleres, y como no se han atrevido a hablar, prefieren ya no acudir. Lo que más me preocupa es que en manos de esta clase de “profesores” puedan estar muchas niñas y niños a los que se les puede hacer mucho más daño que a una persona adulta que como sea se puede defender.

Por lo que le solicito de la manera más atenta pueda girar instrucciones para que se abra una investigación para que este caso no quede impune. Le aseguro que esto no lo hago sólo por mí sino por la seguridad y un trato digno para jóvenes y adultos, y sobretodo por las niñas y niños que acuden a esta institución tratando de encontrar un mayor desarrollo artístico y cultural.

Sin más por el momento aprovecho para enviarle un cordial saludo

A t e n t a m e n t e

Esther Muñoz Orozco

 

acuse de recibido

 

(Imagen de portada es ilustrativa / Cortesía: Secretaría de Cultura)

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