Notas de campaña IV: Las posibilidades del cambio político en Colima

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El voto fiel

Desde que empezó la campaña electoral hay bandos formados que se componen por grupos de personas que simpatizan con una candidato y/o un partido, decidieron votar por él e incluso lo defienden y promocionan a través de la militancia, la difusión o la opinión.

En cada bando las personas dirán que su candidato o partido es el mejor, y en la gran mayoría su posición es inamovible.

Según datos de Parametría, el voto duro del PRI en Colima es del 26% del electorado, mientras el del PAN es del 18%. Pero si tomamos en cuenta  las últimas tres elecciones, el voto duro de ambos partidos es casi del doble (42% y 37% respectivamente).

Traducido en votantes, el PRI contaría con una base de aproximadamente 83 mil electores y el PAN con una de 74 mil.

En este contexto es que cobran sentido las encuestas que apuntan a una elección cerrada, con una distancia no mayor a cinco puntos entre los candidatos de PRI y PAN. Mitosfky, Parametría, Laredo y Buen Día, apuntan que existen condiciones estadísticas donde Jorge Luis Preciado tiene posibilidades de rebasar a Ignacio Peralta en las votaciones.

Por ello, podemos seguir sosteniendo que la elección de gobernador se concentra en una competencia entre Ignacio Peralta y Jorge Luis Preciado.

¿Este escenario habrá sido modificado por el debate?

Podemos aseverar que no. El formato del debate, así como el desempeño de los candidatos, dejaron mucho que desear en el público que aun no tiene una decisión tomada de por quién votar. De hecho, pasados cuatro días, en los medios de comunicación no se habló más de este ejercicio que se sintetizó en críticas , burlas superficiales y análisis excesivamente tendenciosos.

 

La encrucijada del cambio

No hay dudas de que hay una ciudadanía crítica en Colima, una multitud de personas impregnadas de un malestar que se traduce de diversas formas, y es ahí a donde los distintos candidatos pretenden apuntar con sus estrategias y propuestas.

Pero como señalamos anteriormente, el voto duro y los bandos conformados desde el inicio de la campaña vuelven la situación muy compleja, pues su identidad política se impone en las encuestas, y esto se traduce en un escenario de aparente imposibilidad de cambio más allá de PRI-PAN.

Sería muy interesante saber qué impresiones tienen los que no salen a la calle a levantar banderas, los indecisos, los inseguros, los que más se quejan de la falta de opciones reales. Y no es que la opinión de este sector sea la mejor o más calificada, sino que son las personas que pueden impulsar movimientos significativos de la tendencia electoral.

Es bajo esta premisa que se podemos plantear la posibilidad de que se consolide un polo de atracción política alternativo a PRI y PAN bajo la figura de los candidatos de Movimiento Ciudadano, PRD o Morena (PT, PES y Humanista carecen de un discurso desafiante para meterlos en ese espectro).

Pero en los mejores términos el 70% de la tendencias de voto se concentran en Peralta y Preciado, y el porcentaje restante se reparte entre 6 opciones de candidatos y los votantes indecisos.

Entonces podemos reafirmar que existen escasas probabilidades de que aparezca un posibilidad real de meterse a la contienda a la gubernatura por fuera del PRI y PAN, pues aunque se sumaran los actuales indecisos junto con el voto del espectro opositor, no se alcanzaría el porcentaje necesario para desafiar a los dos punteros.

La ciudadanía que busca un cambio más allá de Peralta y Preciado está frente a una encrucijada. La pregunta que ronda en el aire es ¿A quién darle mi voto?

Por necesidad deberíamos empezar a voltear a otro lado. ¿Qué es lo que está en juego el próximo 7 de junio en Colima?

De entrada podemos señalar que si llega Preciado o Peralta, habrá un reacomodo de los grupos de poder, y esto se puede expresar en controles, oposición y participación de partidos y actores políticos.

Vale la pena pensar en los cambios que se vienen dando en la sociedad política colimense, en los candidatos, en los partidos y las fuerzas que los sostienen y empujan. Podemos enlistar algunas impresiones:

  • El PRI Colimense sufrirá cambios por influencia de la tecnocracia que llegó con Ignacio Peralta, y que desplazó a los herederos de la familia política local. Este partido también tiende a mutar por el consorcio que formó con PVEM y PANAL.
  • El PAN ahora contiene una suerte de populismo de derecha con Jorge Luis Preciado a la cabeza de una campaña donde se buscan alianzas con quien sea, todo mientras se sumen a la candidatura del panista.
  • Locho ha sido el fenómeno de esta elección, por un lado su personalidad arrastra simpatías entre parte importante de la ciudadanía inconforme con el estatus quo, y por otro, ha sido un atractor de ciertas fuerzas conservadoras (el viejo o clásico panismo) que han encontrado amparo en el partido Movimiento Ciudadano.
  • El ala izquierda se cierra a dos opciones: un PRD sin cohesión, sostenido por liderazgos y alianzas informales, y con algunas caras jóvenes al público; por otro lado está Morena como una fuerza política emergente que encuentra su fortaleza en el proyecto de AMLO y una dirigencia local que mira hacia afuera de las élites.
  • Dos de los más grandes conflictos políticos de los últimos años se desdibujaron durante la elección: la politización de Zacualpan y el movimiento contra la corrupción en la Universidad de Colima.
  • El movimiento ciclista, a pesar de no tener fuerza política, ha logrado mantener sus agendas y sus formas.
  • Apareció ¿Cómo vamos Colima?, un intento de supra organización civil dirigida por las élites económicas colimenses, que hasta el momento ha tenido éxito sometiendo candidatos a una agenda sectorial con un discurso ciudadano.

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