¿Por qué no GobernArte en Colima?

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Por Alfreedoom

Colima es, por excelencia, el estado donde hay que pegar propaganda del gobierno para creer que todo, pase lo que pase, va hacia adelante. En dado caso lo que sufre el gobierno de Colima no es vanidad sino eso que Samuel Ramos llamaría “complejo de inferioridad”, ya que, para suponer que el mando sigue su curso sin problemas, este complejo aporta su suministro de espectaculares a discreción en las calles de Colima, dejando en claro que necesitan (muy a la fuerza) creérsela.

En ese sentido, durante el último año se produjo, dentro del ámbito “cultural” de Colima, un fenómeno lingüístico que terminaría siendo su soga al cuello: ése de nombrar a los proyectos con sufijos en “arte”; por ejemplo: “ExpresArte”, “EscuchArte”, y ponga aquí usted cualquier verbo: “FregArte”, “DesnudArte”, “EncuerArte” y, por lo tanto,“DomingueArte” (éste último sí existe como un evento semanal  en Villa de Álvarez, lo que es terrible porque su connotación directa es la del mangoneo, quiero decir, la de mangonearte).

¿Pero por qué la soga al cuello a los proyectos culturales que se dicen originales e independientes pero están subsidiados por el Estado? La soga al cuello por el premio que el gobierno de Colima ‘obtuvo’ recientemente: el de GobernArte (así, con el sufijo en mayúscula como ase anunciaba en un espectacular cerca de la Central Foránea de Autobuses). Se sabe que los trabajadores del Estado fueron bien o mal obligados a votar por el gran fetiche del premio GobernArte para Colima.

Raymond Williams ya dio un tratamiento adecuado al concepto de lenguaje, tratándolo (para desarrollar la crítica) como un producto material, condicionado e influyente; entonces el lenguaje es 1) material, porque expresa una conciencia, y 2) es estimulado desde la experiencia con lo real y concreto: la historia social.

En nuestra habla cotidiana nos accidentamos según el fenómeno de nuestro lenguaje. Si es tan importante el lenguaje ¿por qué no poner atención al fenómeno lingüístico en el que se expresa un modo de control, de limitación con respecto a las normas? Ejemplo sencillo es como si una persona mayor de edad le prohíbe decir ciertas palabras a un niño que apenas aprende a hablar. De ese modo, el Estado ya ha actuado (a veces ayudada por la moral de la Iglesia) y ha dicho a esos proyectos culturales: “Mientras estés en Colima y por adoptar el sufijo Arte, pertenecerás a la dirección hegemónica del Estado”, en otras palabras: your body makes me so happy. Por otro lado, mientras la expresión GobernArte suena, per se,  autoritaria y dictatorial, los proyectos con sufijo Arte se sujetan, deseen o no, al dominio geográfico del Estado y su ideología.

Durante mucho tiempo los disidentes más radicales han querido ir en contra del Estado y evitan a cualquier costa legitimar su dominio, pero olvidan hacer la operación necesaria sobre su lenguaje. Existen comunicólogos disidentes que todavía usan frases de origen burgués como “control de masas”, “medios de comunicación”, “individualismo”, “arte popular y vulgar”, al mismo tiempo utilizan el concepto cultura como aquello que es “culto, sublime”.

Desvelando estas fuerzas del lenguaje que se disparan sin conciencia por todas partes, tendremos que diseccionarlas para no volver a usarlas (al menos ya no ingenuamente) ni dentro de las aulas de clases, mucho menos dentro de la realidad social y concreta, la realidad que está condicionada por el poder hegemónico. (¿De qué sirve hoy en día ser un filósofo pasivo y decadente: metafísico hasta los huesos?) El problema del origen burgués de las palabras radica en su manera de homogeneizar fuerzas individuales; es mucho más sencillo decir que hay un “control de masas” a investigar con rigor teórico y crítico cómo sucede realmente ese supuesto control.

Resumiendo: “control de masas” cosifica al Otro, que es sobre todo individual y concreto; “medios de comunicación” miente en figurar que sea un medio real y supone que no hay definición clara de palabra comunicación; “individualismo” o individuo no significa ser único, como la burguesía supone, sino ser indivisible, inseparable.

El emblema “Colima capital americana de la Cultura” es una gran bofetada al intelectivo colimense. Al parecer nadie protestó siquiera en poner un dedo crítico sobre la palabra “Cultura”. No hace falta ir muy lejos para ver que la dirección de la palabra cultura en Colima responde a la idea burguesa de lo culto y lo sublime; cuando no es así, divaga el concepto en suponer que nuestra cultura colimense es la “costumbre y lo arraigado, lo pastoso y lo humilde”. La costumbre dentro de las ciudades metropolitanas es, en el siglo XXI, la peor y más sencilla forma de ser un alienado del Estado.

Es, por lo mismo, una mala idea creer que con un libro repartido en cada casa de Colima se incrementa, como el Estado quiere, “lo culto” o que se combate el analfabetismo, libros cuya edición son 50% publicidad de la Secretaría de Cultura, 40% lecturas y 10% en edición y crítica para seleccionar los textos. ¿Es casualidad que se enaltezcan las costumbres acaso no como una manera de emparcelamiento social?  El Estado nos desea localizables, en parcelas de oro, de ahí el séquito del FECA (el que en este momento hincha sus uñas para mostrar su desacuerdo metafísico).

Recomiendo además esta lectura sobre un análisis económico del FECA. “Una misma persona recibió el beneficio en siete ocasiones, dos personas recibieron seis, tres personas recibieron estímulos hasta cinco veces, nueve han obtenido el beneficio en cuatro, 40 ya cuentan con tres becas, 93, con 2 y el resto, con sólo un estímulo recibido”: http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2013/08/18/liliana-marquez-feca-colima

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