La Espera (o las “horas” más largas de mi vida)

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“Este asunto se puede resolver en horas”, fueron las esperanzadoras palabras de Rogelio Rueda el miércoles pasado. Y estrictamente hablando, los días también se pueden contabilizar como horas. Pero la espera ya me ha llevado al borde de la exasperación. Son las tres de la mañana del sábado 7 de junio de 2014. Han transcurrido ya casi 39 días cabales de iniciada la huelga de hambre. Al principio las contábamos en horas, pero ya hace tiempo que nadie lleva la cuenta porque nos dimos cuenta que era algo futil. Recuerdo haber escrito un texto al cumplirse las 300 horas, que me parecía por demás increíble e inhumano que seguíamos sin ser vistos ni oídos. Lo que siguió fue un reconocimiento de nuestra existencia al tiempo que se agudizaron las hostilidades que se han reportado, aunado a las declaraciones faltas de veracidad en ciertos medios y una campaña de desprestigio dirigida al movimiento, a sus integrantes, a su cabeza, cuestionando sus motivos, sus ambiciones personales, e incluso su calidad moral y académica. Lo que no he visto es una respuesta convincente (con evidencia o argumentos válidos) a nuestros dos reclamos que repito de manera resumida aquí: “Transparencia en el FOSAP” y “Restitución de Leonardo”. Ahora me doy cuenta de que si contáramos las horas, ¡se habrían acumulado 922 horas hasta este momento!” Hace unos diez días leí en Facebook un comentario que me hizo perder la fe en la capacidad de empatía (solidaridad con el dolor ajeno) de la comunidad en la que vivo. No recuerdo de quién era, y preferiría que fuera así “a estas alturas deberían estar ya muertos, ni que fueran Jesús”. Sé que es parte de la campaña de desprestigio que sigue vigente en los medios, que busca, al “evidenciar” la “falsedad” de la huelga, lograr desviar la atención a nuestros reclamos que son justos y completamente legales. Como sé que hay muchas personas en Colima que piensan así, les digo, no sin ironía “discúlpennos por no habernos muerto aun, y ofender así su sensibilidad” (me incluyo por razones que explicaré más adelante). He leído y escuchado comentarios de gente considerada inteligente que me dejan pasmado, como el de un hombre que me conoce en persona y a quien consideraba sensible por ser artista y hasta mi vecino, “por mí que se mueran, y que no me culpen a mí, se mueren porque quieren” (palabras más o menos). El “naufragio” tan deseado de nuestro movimiento no ha ocurrido a pesar de ello. Y entiéndase este último texto que escribo (y ahora sí en serio) como una apertura de mi corazón antes de cerrar la boca por un tiempo indefinido.

El que escribe es un huelguista en recuperación, dada mi pérdida de funciones cognitivas de hace una semana. Un “montaje” según algunas mentes brillantes, y que ha tenido como resultado que desde entonces soy seguido adondequiera que voy. Es sutil, pero me doy cuenta, y lo agradezco, porque si me vuelve a pasar, me da la tranquilidad de que seré hallado pronto. Sin embargo, debo de confesar dos cosas: a pesar de que acepté ser tratado con descanso, aislamiento y un poco de alimento de recuperación en consideración a mi creciente pérdida de juicio, y a que me podría considerar completamente restaurado en términos cognitivos, y que ya puedo digerir alimentos sólidos como el pozole, no me puedo llevar algo a la boca sin pensar en mis compañeros que siguen ahí, y esto me desgasta. Me auto-defino como un falso ex huelguista (en el sentido de que como para que me vean mis seres queridos y se tranquilicen, pero cuando no me ven, prefiero no comer, en solidaridad con mis compañeros). Pero dadas las circunstancias presentes, preferiría seguir en el campamento como huelguista por una sola razón: Mientras ayunaba, el tiempo transcurrió como en un sueño. No sentí el mes pasar. Me daba cuenta del desgaste emocional de mi esposa y de mi madre en particular, y en general de todos los seres que me aman, que me doy cuenta de que son muchos. Pero darse cuenta no es lo mismo que vivirlo. Desde que regresé a andar por mi propio pie y me presenté de nuevo en el campamento, aún con mis minadas fuerzas he intentado hacer lo que no alcanzo a hacer porque cada hora que pasa siento la carga de estos cinco hombres que no comen por una causa justa. Hoy le dije a mi mujer antes de irme a dormir: Ahora entiendo lo que has vivido durante más de un mes, porque lo vivo en carne propia.

Hasta antes del 4 de mayo, yo sentía que la lucha que libramos, aunque basada en argumentos sólidos, y argumentos legales, imposible ganarla esperando que nuestras autoridades nos escucharan. Los medios lograron hacer creer a la mayoría de los colimenses de mente débil que la huelga es falsa repitiendo hasta el cansancio el video de un tejuino. La gente de Colima ya se acostumbró a vernos en la lucha y ya no le interesa. Ayer, el fútbol era más interesante, mañana, será otra cosa en qué entretenerse. La única manera de alimentar su morbo es que alguno de nosotros efectivamente se muera. Pero su indolencia seguirá igual, porque como ya se lo dijeron en al pasar por la Arteria a mi mujer “se mueren porque quieren”, y tienen razón. Una huelga de hambre es una decisión personal y completamente voluntaria. La muerte del huelguista no tendría por qué importarle a nadie. Es la decisión de quien, habiendo agotado los recursos legales a su alcance, denuncia con su vulnerabilidad un estado de injusticia. En una sociedad sensible, habría un número de ciudadanos que (sin cuestionar los motivos), se movilizarían y exigirían a las autoridades competentes que les hicieran justicia. En ese punto, los huelguistas hemos sido ingenuos. Logramos sólo 4000 firmas de ciudadanos, más medio millar en internet y unas 200 cartas a nuestras autoridades. O sea, hemos sido doblemente ingenuos al creer que el número de personas honestas y con valor civil en Colima era mucho mayor. (Repito, exigir justicia no significa estar de acuerdo con nuestra causa, sólo exigir que las leyes que se cumplan cabalmente). Nuestra segunda ingenuidad fue el creer que a nuestro gobierno le iba a importar el costo político que esto implica (cada firma en nuestra libreta es la firma de un ciudadano que se ha dado cuenta de lo que denunciamos, sin entrar en detalles, y que la justicia en Colima no es pareja). Hemos metido la pata muchas veces. Hemos dejado muchos cabos sueltos, y como les decía yo a mis compañeros del Comité de Apoyo esta noche “somos novatos”. Desde afuera se ha difundido la versión de que somos un brazo de algún partido político, pero ya que estoy siendo honesto, les tengo que decir que me encantaría que fuera cierto, ya que un partido político está organizado, y nosotros somos un caos organizacional. No tenemos cabeza, ni siquiera agenda más allá del punto central. Esto lo digo por una razón fundamental: estamos muy, muy desgastados física y emocionalmente. La mayoría de los del grupo somos gente que dejando a un lado su vida privada por un tiempo parcial o incluso totalmente, se ha acomodado haciendo lo que mejor le parece que apoya la causa. Dos cosas nos unen: nuestra honestidad y nuestra indignación ante los atropellos de que somos testigos. Y para que no se malentienda, estamos desgastados no porque “estemos a punto de rendirnos”, sino porque vemos día con día el deterioro de los huelguistas y a estas alturas estamos en constante espera de una noticia de vida o muerte. Y no exagero.

Empecé esta carta con la intención de narrar sólo las últimos 56 horas, que han sido las más largas de mi vida. Es una pesadilla que ya quisiera que terminara. Ante la visita de sindicalistas verdaderos de gran prestigio nacional, las puertas de Palacio de Gobierno mágicamente se abrieron. Entramos todos los que cupimos en la minúscula sala. La audiencia con Rogelio Rueda fue corta, y muy contundente. Yo sin saber de política, sé de personas. Lo saludé sin saber a quién saludaba, aturdido. Luego me enteré que era el Secretario de Gobierno. También me enteré que fue pieza clave en una lucha similar hace algunos años, solo que esta vez, el enemigo era más grande (El Gobierno Federal Panista). También publiqué en mi última nota en Facebook hasta ahora que me iba a dormir con optimismo de que tenía este hombre, a quien veía por primera vez, un genuino interés en destrabar el conflicto.

En mi postura actual, no me es dado divulgar información mientras no haya un pronunciamiento. Así que me limitaré a recordar lo obvio y a dar mi postura. Rogelio Rueda prometió destrabar el conflicto en horas. Se le planteó el conflicto de la manera más simple posible: La restitución de Leonardo. Recuerdo a los lectores que esto no es un capricho, ni una contradicción como quieren hacernos creer nuestros enemigos. Las 35 violaciones al contrato colectivo es un tema que tomaría meses discutir, y el FOSAP, la más importante de ellas, es un tema que puede tomar tanto tiempo que no ajustan ya las horas de vida de nuestros huelguistas. La restitución de Leonardo nos permite seguir con la lucha siguiendo ya los cauces legales que han sido entorpecidos por su remoción arbitraria, ilegal y descarada. No es cuestión de caprichos, sino de regresar a su puesto al único que ha sido democráticamente electo. De Zamorano podemos olvidarnos un rato, baste decir que ha demostrado con hechos que su función es hacer declaraciones mentirosas y prestarse a la simulación de que “todo está bien”, evitando con eso dar seguimiento a importantes conquistas legales que el sindicato encabezado por Leonardo ya tiene. Es también un punto tan fácil de resolver que no tomaría horas, sino minutos.

Otra cosa obvia en políticamente mexicana es que en este país “no hay suicidios políticos”. En estos momentos quien tiene la llave de nuestra vida y la restitución de la paz en la Universidad de Colima es Rogelio Rueda. El tiene un capital político propio y también cuestionamientos que no vienen al caso. Pero es el primer hombre con representatividad política que después de 37 días en huelga de hambre nos ha dado la cara. Yo sigo creyendo en que quiere resolverlo. Pero las casi 60 horas de espera para mí han sido eternas, dolorosas, llenas de tensión. Se me ve tenso, y mi mujer lo nota. Todos lo notan. No hay nada más cruel que hacer esperar una hora más a quien no ha probado alimento sólido y cuya vida está en peligro constante. Quiero creer que la dilación es parte de la última lucha que libran los poderes internos por estirar la cuerda un poco más. Se hablaba esta mañana (de ayer) con optimismo acerca de ya levantar la huelga. Y se decía públicamente, lo cual debió haber llegado a oídos de quienes están adentro. Yo tengo bien claro que si la huelga se levanta, la espera de 60 horas podría convertirse en 60 años, ya sin la presión política. Yo veo entre los cinco quizás a uno o dos (y está por verse) que se levantaría para seguir en plantón u otra estrategia. Pero quiero que quede claro que sin decir nombres, para no hablar por ellos, la mayoría está dispuesto a seguir ahí hasta las últimas consecuencias. Entiendo la preocupación de los del comité, y de nuestras familias, porque ya lo viví. Desde que me salí para recuperarme, lo he lamentado. Me persuadí de que mi lucidez era importante para la causa, pero en estos momentos, en los que no soporto más ver a hombres honestos perder su salud lentamente mientras yo me como una dona, me declaro en huelga de escribir y de hablar por mi cuenta. Ya hablé demasiado. Ya escribí suficiente. De hecho más de 30,000 palabras desde que comenzó la huelga. Si esto no ha sido suficientemente contundente, lo siento. Con ironía, pido perdón a las conciencias colimenses que no han sido alcanzadas por mi culpa. Se me ha reprochado muchas veces que mi problema es que escribo mucho. Podría escribir mucho, o poco. Pero las palabras son inútiles ante oídos que no quieren oír, y ojos que no quieren ver.

Rogelio Rueda. Deposité mi confianza en ti, y aunque a estas alturas ya dudo a causa de la espera que me crispa los nervios, prefiero seguir creyendo en tu capacidad política. Quizás porque por el momento es lo que me conviene para mi paz mental, y porque me gusta ser optimista.

Ya no se trata de que te convenzan quien tiene la razón, o cual es la solución, porque ya lo sabes. La restitución de Leonardo no es más que un acto de justicia. Pero de suceder los que ganamos somos más. Tu partido está siendo exhibido nacionalmente ya; muchas figuras de tu partido también ya han perdido credibilidad, tu congruencia y reputación también está en juego. Seguramente estás en medio de una lucha fenomenal al interior de tu partido, pero me atrevo a sugerirte que incluso a tu partido le conviene dar una solución ya.

El desgaste físico y emocional entre los huelguistas es evidente. El de los no huelguistas es quizás mayor. Yo he estado en ambos lados, y no soporto más la tensión. Para mí era más cómodo ser huelguista, porque no sentía la culpa e impotencia que ahora siento. Pero yo le dije a Leonardo hoy “no puedo dejar morir a un hombre honesto”, y de no haber solución hoy, tendré que tomar una decisión con respecto a mi reincorporación como huelguista. Es irresponsable y egoísta de mi parte pensar en mi tranquilidad emocional y sacrificar la de mis seres queridos. Lo sé. Pero estoy al borde. No puedo vivir un día más en este estado de perpetua tortura sicológica.

Dios quiera que no tenga que tomar una decisión de esa índole hoy.
No he publicado nada en mi cuenta desde aquel miércoles. Y ya no quiero publicar nada más. Estoy agotado. No he dicho todo lo que quisiera decir. Pero he dicho suficiente. Y lo dejo como testimonio para quien tenga conciencia. Esta vez no convoco a los colimenses a participar. Y mis companeros del comité quizás me cuestionen. Pero está claro que quienes no han escuchado el mensaje tan sencillo en 39 días no lo van a escuchar en 40, o en 41. Tuvieron que venir personas desde otros estados, y no eran acarreados sino que costeándose sus gastos, para lograr un efecto de ser escuchados y todavía estamos a la espera. Probablemente, para mayor verguenza de quien la tenga, tendrán que volver a venir seres humanos para una nueva manifestación. No lo sé. Pero como algún periodista me increpó alguna vez ?”esperan que la gente de colima saque la cara por ustedes”? ?Y por qué les habría de interesar? No recuerdo qué bobera le contesté entonces, y sé que he escrito varias razones que según yo responden a esa pregunta. Pero quizás sea mi estado de ánimo, quizás sea mi cansancio. Pero me niego siquiera a proporcionar una nueva razón. Evitaré contestar la pregunta, pero me permitiré re-plantearla en varias formas:

¿Por qué le habría de importar a la sociedad colimense la vida de unos cuantos seres humanos?
¿Por qué les debería de interesar algo tan irrelevante como el cumplimiento de las leyes que nos protegen?
¿Por qué tendría un ciudadano, universitario o no, qué dejar la comodidad de su casa para defender los derechos de alguien que ni es de su familia?
¿Por qué querríamos cambiar la situación política en nuestro estado, cuando está todo tan bien como está?

Yo más que nadie quiero que esta pesadilla termine y sobrevivir a ella para poder ver hacia atrás lo malo como un vago recuerdo, recuperando lo grato que ha sido encontrarme con una hermandad de gente honesta y con mucho amor y humanidad, esas amistades son para toda la vida. Además de mis tan queridos hermanos, hermanas y padres, tengo nuevos hermanos, nuevos padres y nuevas madres. Como toda familia normal, estamos siendo puestos a prueba en nuestros valores, llegando al límite de nuestra capacidad emocional, moral e intelectual. Pero recordemos aquello que nos juntó. Mientras esto no termine, resistamos, amigos.

 

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*Profesor e investigador de tiempo completo de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Colima.

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