La privatización de la educación superior en Colima…

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BECAS-REEMBOLSO Y CIUDADANOS VIRTUOSOS. UN PASO MÁS EN LA PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLIMA


POR HÉCTOR MANUEL GUTIÉRREZ MAGAÑA

Hace algunos meses parecía un plausible esfuerzo la creación de la Fundación Universidad de Colima para diseñar sistemas de becas que aseguraran una mayor y mejor cobertura de educación por parte de esta institución a la población colimense. Pero a juzgar por la reciente convocatoria, parece que se estamos ante la presencia de un nuevo esfuerzo por privatizar y mercantilizar la educación superior, desde el propio seno de la comunidad universitaria.

Por si esto fuera poco, a esto se suma una tendencia moralista y altamente normativa para formar estudiantes. Cuando parecía difícil sumar algo a la subida casi anual de cuotas, a los serios cuestionamientos al sorteo loro, a las cada vez más cerradas políticas de “selección” de nuevos ingresantes, ahora hay que sumarle lo que parece una necesidad imperiosa de formar alumnos en valores. Y el problema no es fomentar los valores, sino qué valores y para qué.

Y no es difícil ver como se conciben los valores cuando conocemos las molestias de algunos funcionarios ante los besos públicos de los alumnos, o la discriminación de algunos policías por “las fachas” de algunos jóvenes, o la aversión a las mantas y expresiones de protesta de algunos estudiantes, que se alega, van en contra de la imagen institucional.

Parece aberrante e increíble, que se convoque a estudiantes de “situación económica adversa, pero con talento, deseo de superación y valores”, a ser candidatos a una “beca-reembolso” que no es más que un crédito o un préstamo, siempre y cuando tengan una situación socioeconómica desfavorable y/o acrediten practicar valores como el respeto, el orden, la limpieza y la puntualidad. ¿Ahora a la élite de emprendedores y líderes se busca sumar la élite de virtuosos?

No creo que alguien pueda estar en contra del respeto y la puntualidad, pero no sé si esos valores se puedan normativizar y se diga explícitamente que el respeto es: “respeto (sic) al derecho de los demás y el respeto (sic) a la ley y los reglamentos”.

Para respetar el derecho de los demás primero hay que reconocerles,  reconocer al otro en su alteridad, a eso llamó Aristóteles justicia, valor que ni siquiera aparece en esta convocatoria y es uno de los más altos valores sociales. ¿No estará dedicado esto a detener una oleada de estudiantes críticos que en los últimos tiempos está comenzando a tomar posición? Defiendan la ley, no la cuestionen y tendrán sus préstamos.

Desconozco esta fundación, desconozco si los que participan reciben algún sueldo, desconozco de donde vienen los donativos y si les condonan impuestos, desconozco que nivel de transparencia haya o habrá en su trabajo. Pero esta convocatoria es inaudita, es preocupante. Por un lado se sigue minando el derecho a la educación pública, van a endeudar a los estudiantes y sus familias, no sólo es un préstamo a devolver, sino que el monto aumentará con la inflación, ¿han pensado en la situación económica del mundo, del país, del Estado y de muchas familias? Seis meses después de concluir los estudios se tiene que pagar ese crédito, hay muchos estudiantes que después de un año no encuentran trabajo en el Estado y las ofertas son realmente reducidas, los empleos de baja calidad y poca remuneración; el autoempleo es una oportunidad promovida y deseable, pero sabemos que cuesta tiempo asimilar y consolidar esta nueva modalidad de ingresos.

Yo me pregunto si más allá de que hoy muchos jóvenes puedan acceder a estos créditos, realmente se están fortaleciendo las oportunidades de acceso a la Universidad de Colima, me pregunto si realmente se está consolidando una Universidad autónoma, de educación científica, humana, crítica y gratuita para el desarrollo de nuestro Estado.

Pero lamentablemente esto escapa a la Fundación, tanto el gobierno del Estado a través de la Secretaría de la Juventud, el Instituto Villalvarence de la Juventud, así como la Federación de Estudiantes, siguen la misma lógica. Ofrecen descuentos en institutos privados a quienes no pudieron ingresar a la universidad, se fortalece así la privatización de la educación en lugar de defenderla como derecho y como bien público, aunque quizás algunas de estas escuelas sean ya más baratas que la propia UdeC.

Las opciones laborales que hay en Colima son pocas, sobre todo pensando en promover la autonomía y el desarrollo humano como
parte integral del desarrollo de vida. No hay un crecimiento y desarrollo ordenados en nuestro territorio, hay pobreza, hay explotación, hay corrupción, la inseguridad nos está rebasando y la hasta ahora intervención del Estado no ha funcionado. ¿No será momento de privilegiar la creatividad y la capacidad de pensar que no todo está dicho? ¿De saber que no todo es “orden y progreso”?

La Universidad de Colima es de nuestros pocos espacios para la innovación, para repensar el desarrollo de nuestras ciudades, para replantearnos nuestra huella en el mundo, no podemos normativizar esta oportunidad a la creación de ciudadanos respetuosos y ordenados. No es estar en contra del respeto y el orden, pero por decreto y con programas líder no los vamos a fabricar como si fueran automóviles en ensamblaje.

Si algo valoro de mi paso por la UdeC, en donde igual me fugaba clases o participaba del consejo, es que tuve la oportunidad de adquirir un montón de inquietudes y de guías que han contribuido a ser lo que soy, no sé cuántos de nosotros vayamos por el título y salgamos con otras cosas bajo el brazo y en el corazón, una de ellas para mí es el respeto por los derechos del pueblo, por el derecho a participar del desarrollo económico, urbano o político de la ciudad donde se vive, se trabaja y se come. No hay mayores signos de una crisis que cuando las élites se comienzan a resguardar en el orden y los valores evitando la posibilidad de que lo diferente tome forma y emerja, no se trata de quién gana, si no de quiénes participan, y lamentablemente los mecanismos de exclusión están aumentando.

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