Sin técnica no sirve una buena intención

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En el informe, el presidente informó de algo sombrío para las juventudes mexicanas: casi la mayoría de los empleos formales perdidos en junio fueron de mexicanos menores de 35 años. Más de 750 mil jóvenes perdieron su fuente de ingresos y de seguridad social. El mismo informe terminó de rematar en los anexos estadísticos, pues al final de 2019 solo se habían creado 8,693 plazas para jóvenes, lo que representa menos del 2% de los empleos perdidos.

Es posible que mi generación sea parte de una nueva década perdida condenada al subempleo, los sueldos precarios y la falta de oportunidades para progresar. Tal vez, la brutal crisis pueda ser evitada, pero eso requeriría cambiar las condiciones que espantan a la inversión laboral, tal y como la violencia, la incertidumbre política y la falta de programas que impacten con efectividad en mejorar las habilidades de empleabilidad juvenil.

Pero no sé si se logrará cambiar las condiciones en las que estamos. Hacerlo requiere hacer el titánico esfuerzo de asumir como sociedad que tenemos un problema que podría estar saliéndose de control. También, tenemos que aceptar que las ofertas políticas existentes son insuficientes para responder a la crisis que enfrentamos.

Es indiscutible que la oferta política que domina en este momento no va a dar soluciones adecuadas para la crisis. Por un lado, los partidos que fueron gobierno durante los sexenios anteriores y que hoy conforman parte de la oposición tienen una importante responsabilidad de las condiciones en las que actualmente vivimos. La violencia actual no es un asunto que apareció mágicamente un día, sino un fenómeno complejo que se dejó crecer de poco en poco hasta que estalló y se extendió como fuego por la sabana; mientras que la corrupción y la falta de esfuerzos por profesionalizar a los servidores públicos volvieron a México un lugar donde jamás iba a florecer una economía robusta.

El partido que hoy nos gobierna podría tampoco ofrecer una respuesta adecuada a nuestros problemas. Fuera de las filias y fobias ideológicas, el actual gobierno federal y varios de sus elementos políticos han mostrado no tener las herramientas adecuadas para llevar a cabo los objetivos que se proponen. Jóvenes Construyendo el Futuro ejemplifica esto: una iniciativa adecuada, que tal vez podría cerrar la brecha de desigualdad entre los jóvenes que no batallan mucho por integrarse al mercado laboral y los jóvenes que conocen el suplicio del subempleo no ha dado resultados adecuados debido a deficiencias de diseño.

De acuerdo a datos oficiales, el programa solo ayudo a conseguir empleo al 25% de los jóvenes que terminaron la capacitación, mientras que el otro se encuentra un emprendimiento que potencialmente es una forma elegante de llamar a la economía de la changarrización, seguir buscando oportunidades o estudiar a ver si después sale algo. De estos, aún falta saber qué pasó con aquellos que no terminaron la capacitación, y cuál es la calidad del empleo al que accedieron los jóvenes que consiguieron un puesto, o las condiciones en las que los emprendedores llevan a cabo su idea.

Eso se pudo haber evitado, si desde el principio se hubiera diseñado un programa con objetivos claros, consistentes y mecanismos de trabajo bien limitados. Sin embargo, el programa operó durante un año sin reglas de operación, no definió de manera unitaria sus objetivos, y tuvo fallo en crear mecanismos de inclusión para seleccionar a poblaciones históricamente abandonadas, justo como lo define la evaluación de diseño de Coneval.

Necesitamos nuevas ideas urgentemente, que salgan desde la ética y desde la preparación. Es indudable que querer hacer las cosas bien es un componente esencial para la nueva oferta, pero de nada va a servir si no tienen la suficiente calidad técnica para poder comprobar que efectivamente impacten en los problemas de México.

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