Ojalá sea verdad

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Eduardo Ramírez

 

Luego de la avasalladora victoria de Morena en las elecciones de 2018 a la que muchos le atribuyen votos de castigo o votos de hartazgo por parte de la población mexicana, lo cual desde luego que fue así, se han venido dando sucesos bastante interesantes.

Uno de los que me parece más importantes es el de la división de las masas y el cambio de perspectiva. Este suceso se observa primero en los medios de comunicación y después en la oposición política del actual gobierno. Como ya era sospecha de muchos, la manera en que opera la manipulación de perspectiva es un sistema bastante invasivo para las mentes, ya que constantemente estamos bombardeados con información de todo tipo e incluso opuesta por todos lados, desde las escuelas, la información oficial, libros, revistas, noticieros, la radio, televisión y ahora muy de moda las redes sociales y el internet en general. 

Situación tal, difícil de superar, que existe información suficiente para sostener o medio sostener cualquier argumento que se nos ocurra, siendo uno de sus efectos más dañinos el de no saber qué pensar.

En el caso de México, de acuerdo con el analista geopolítico Alfredo Jalife, el eje que ejerce la manipulación y el cambio de perspectiva ha sido operado por una triada oscura conformada por todo un bloque considerable de medios de comunicación (Reforma, Krause, Loret, El Universal, etc.), los ya conocidos políticos del binomio PRI-PAN y por supuesto la fuerza bruta de una parte de los cárteles del narcotráfico, en mancuerna con puestos clave del ejército y policías de todos los niveles. Los primeros se encargan del engaño general y difusión de información falsa, los segundos de la parte teórica-operativa-administrativa y los últimos de recolectar ganancias ilegales y de arremeter contra quien se atreva a desenmascararlos. Dejando de lado por el momento sus nexos con trasnacionales y paraísos fiscales.

El discurso que ha repetido sin cesar el bloque de Morena y particularmente Andrés Manuel, es el de la decidida lucha contra la corrupción, diagnóstico realmente acertado y conocido por todos. Al menos en mi caso, desde que tengo uso de memoria he escuchado palabras de desesperanza en todos mis círculos sociales aseverando que los políticos son corruptos y no hay nada sustancial que pueda cambiar esto, dada la naturaleza humana. El diagnóstico de la corrupción le valió a Morena en buena medida la aceptación mexicana. 

Pero el hartazgo por la clase política se ha venido sembrando desde hace décadas con cada vez mayor abundancia, siendo el PRI el primer partido en México en convertirse en el arquetipo del poder corrompido, un mito moderno. En este mito el poder es inalcanzable e incluso impensable para una gran mayoría que, resignados a su destino, aceptan sin remedio la usurpación de todo lo que se pueda imaginar, de lo particular a lo general, de ida y vuelta, del individuo a la naturaleza misma, viceversa y otra vez de regreso. De esta forma el PRI tomó cada vez más fuerza en el pensamiento popular al dar entender con suficientes evidencias que a quien se atreviera a revelársele sería asesinado impunemente, sin justicia aparente. No obstante, en ciertos momentos de la historia, parece olvidarse que todo exceso tiende a reventar.

El primer momento de intento de cambio de régimen se vino con el triunfo del PAN en el 2000, situación que como bien sabemos culminó en Felipe Calderón hasta el 2012, es decir, nada bien. Al final el PAN se presentó como una extensión más del PRI. El triunfo y gobierno de Peña Nieto fue todavía más cínico, su sexenio sólo sintetizó todo el PRI y todo el PAN que se nos pueda ocurrir: fraudes electorales, manipulación, violencia, sobornos, excesos, ignorancia, impunidad, arrogancia y demás fenómenos que se encuentren en este campo semántico. Aún encima de estas razones y la cereza de la superficialidad y falta de seriedad de la clase política, fue su relación telenovelezca con la Gaviota ¿Qué hizo el mexicano?  Lo que mejor saber hacer, reírse; sin eufemismos, lo hizo memes.  Para desgracia de EPN, le tocó una época en la cual el mundo está hiperconectado, ya nadie le creía nada, ni que había ganado legítimamente, ni que hacía cosas buenas, y todo mundo sabía que era manipulado por alguien más fuerte que él, una especie de Salinas Videgaray. 

Después de una constante campaña en contra de la corrupción y la mafia del poder, conceptos claves para la teoría morenista, el mexicano dio ese malnacido voto de hartazgo, que la ahora oposición, entonces oficialista, no supo ni por dónde le cayó. Hay que observar atentamente cómo esta teoría tiene algunos puntos a favor, ya que desde hace años han venido señalando un quimérico ser, en su esencia lleno de corrupción, maldad, egoísmo, necesidad de poder y avaricia, un ser equiparable con la hidra del EZLN, el patriarcado, con el capitalismo, el sedentarismo extremo, con el neoliberalismo y la oligarquía.

El caso Lozoya específicamente ha sido estandarte y parteaguas en la política mexicana actual, la oposición tacha de cortina de humo dichas declaraciones donde se señala a los principales actores de la desgracia que hoy vive México. Por su parte, los partidarios de la 4T afirman vehementemente el fin del viejo régimen y el comienzo de un nuevo capítulo en la historia. No obstante, yo sólo soy un ciudadano que observa y desea el bien y la justicia para todos. Que si Salinas de Gortari escapa a España y busca la nacionalidad, que si jueces deciden de repente ser maestros en Inglaterra, si gobernadores sudorosos se amotinan en bloque, si senadores fueron sobornados para aprobar la reforma energética, que si ahora grandes empresas ya pagan impuestos, si gringos pagan por amparos para el impedir la construcción del tren maya, si no dejan hablar a Rosario Robles y si Calderón defiende a Loret estando en la mira de la justicia estadounidense, entonces la teoría morenista tiene un acierto en su diagnóstico y aplicación. 

Sin embargo, hay que conservar un buen grado de escepticismo, especialmente en estos casos, en aras de sortear la información disponible. Si es cierto que este movimiento busca reivindicar la vida pública y traer el tan anhelado bien común, habrá que esperar algunos años más para verificar sus resultados. No veo ningún argumento lo suficientemente sólido como para afirmar de tajo si es un buen o mal gobierno, ya que no hay tiempo ni información seria suficiente para saber con extrema certeza si se están trasladando de un viejo a un nuevo régimen o si está aconteciendo efectivamente la cuarta transformación en la historia de México. Todo esto desde la mirada de un mexicano promedio. Ojalá sea verdad lo segundo y por fin el pueblo mexicano pueda saciar esa sed verdadera de justicia. Si esta no llega y el pueblo mexicano es estafado nuevamente, entonces sí habrá mucho más caos del que se vive en la cotidianidad, necesariamente tendrá que nacer un nuevo movimiento.

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