¡Son ya más 300 horas de la huelga de hambre!

1927

A las seis de la tarde de hoy, martes 13 de mayo de 2014, se habrán completado 336 horas de iniciada la huelga de hambre que mantenemos frente a Palacio de Gobierno un grupo de 7 académicos que creemos en la dignidad y la decencia. Ni la Rectoría, ni el Gobierno del Estado se han pronunciado ni acercado. La solidaridad del priísmo colimense es admirable: el Congreso del Estado, de mayoría priísta, ya se deslindó de toda responsabilidad en el conflicto; el Comisionado Estatal de los Derechos Humanos, Roberto Chapula (también priísta) se presentó hace unos días para “ponerse a nuestras órdenes” en respuesta a una moción federal, pero no ha hecho nada digno de su puesto, como por ejemplo, una recomendación al Gobierno del Estado para que no interfiera en asuntos judiciales; en una declaración por demás cínica, el Presidente del PRI estatal solicitó a los partidos políticos mantenerse al margen del conflicto (que ya ellos se están encargando de acallarlo y reventarlo); y el colmo de la desvergüenza la tuvo el rector de la Universidad de Colima al declarar que el conflicto no le corresponde a él solucionarlo dado que es un “asunto sindical”… en otras palabras, nos está diciendo nuestro rector que el asunto de su intromisión flagrante para imponer a Luis Enrique Zamorano no era sindical; y su descaro al “pasearlo” en todos los eventos universitarios, muy cerquita de él, rodeado de un séquito de eunucos, eso tampoco es asunto sindical. Luis Enrique Zamorano no ha tenido quorum en ninguna de las delegaciones a las que se ha presentado para legitimar su poder, aun con la ayuda de los directivos para allegarle a los trabajadores, quienes aunque no siempre lo dicen públicamente, tienen bien claro de lado de quién están.

El jueves pasado, el Rector tuvo una sorpresiva interpelación por parte de alumnos y trabajadores del Campus Coquimatlán, quienes se solidarizaron con los familiares de huelguistas y un huelguista presente. Benditos teléfonos inteligentes, hay varios videos, desde varios ángulos, que evidencian la perplejidad del rector, mientras se ve a Zamorano prácticamente huyendo. La actitud de ambos personajes no debería de sorprendernos. Los políticos mexicanos, y de manera especial los colimenses, no están acostumbrados a que se les cuestione. Colima ha sido siempre una república bananera en cuando a transparencia, justicia, educación, conciencia política, así como cultura democrática y derechos humanos. Además de producir plátanos, el estado produce muchas otras cosas. Pero los sistemas de control siguen el modelo de la jurásica escuela priísta. Los integrantes de este movimiento (que quede claro que somos mucho más que siete huelguistas), luchamos no sólo por la transparencia, sino por despertar las conciencias (y ya lo logramos), e impulsar una nueva cultura política. Ya no toleraremos corrupción, coerción, intimidación, compra de voluntades, violaciones a la constitución o leyes que de ella emanan, abuso de autoridad, tráfico de influencias, traición al pueblo, robo al erario, corporativismo, líderes charros, y demás alimañas que tanto nos indignan y afectan. Como se expresó en el mitin del domingo “tenemos parasitosis”, y nos urgen varias dosis de Vermox.

La sonrisa mostrada por Zamorano cada que aparece en público es una mueca de miedo. No se aleja ni un segundo de su séquito. Un líder sindical que se tenga que esconder de sus representados no tiene legitimidad alguna. Lo que le pasa a Zamorano él sólo se lo ganó. Y lo debió de ver venir cuando, ignorando su popularidad, decidió traicionar a un hombre que tenía toda su confianza depositada en él; y lo que es más grave, a los principios que el SUTUC defendió por años durante la gestión de César Leonardo Gutiérrez Chávez.

Parte de nuestra campaña como movimiento académico, estudiantil y ciudadano consiste en avergonzar a quienes cometan actos deshonestos. Se escucha entre la población “Es que no tienen vergüenza, eso es caso perdido”. Pero yo difiero. Su descaro y cinismo es que están acostumbrados a vivir en una burbuja, rodeados de serviles reporteros bajo sueldo, guaruras, achichincles y amigos de ocasión. En esa burbujita, nadie se va a atrever a cuestionarlos, so pena de perder acceso a las dádivas que estos políticos otorgan con cargo al erario. Pero yo he visto en otras latitudes que la gente acusa, acosa y avergüenza en público a todo personaje deshonesto, sea este político o no. Los reporteros lo hacen y la gente se indigna. La indignación es tal que los partidos no se atreven a protegerlos por miedo a que el pueblo, que no olvida, los castigue en las elecciones que siguen. Estamos sembrando las semillas. Al corrupto, grítaselo a la cara, tienes derecho; al ladrón, así sea el ladrón de tu barrio, házle saber tu repudio a sus acciones. Al rector, exígele que rinda cuentas, que no utilice el poder que emana de su puesto y su partido para desviar la atención pública acerca de un asunto que se presume multimillonario. Al mismo tiempo que ignora velar por los derechos de sus propios trabajadores. Los investigadores somos el motor de las universidades, y si estamos en la huelga, no es por ambición personal, como se nos calumnia, sino porque habiendo visto ejemplos de universidades con estándares académicos, éticos y humanos respetables, quisiéramos tener lo mismo en la nuestra, y no vemos por qué esto no ha de ser.

Los slogans actuales de la Universidad de Colima darían risa si no fueran tan trágicos. “Universidad de Clase Mundial” no le queda a una institución que discrimina sistemáticamente ya no a extranjeros, sino al 99.3% de los mexicanos que no hicieron sus estudios de bachillerato en esta universidad, la cuota máxima es de 5% del alumnado, a quienes se les exigen una serie de requisitos que no aplican para los locales. ¿Qué no tenemos subsidio Federal? ¿Qué no somos un solo país? Las universidades verdaderamente de clase mundial hacen exactamente lo contrario: procuran atraer a  estudiantes de todo el mundo en gran cantidad y variedad. ¿Y qué decir del profesorado? 5% máximo de los trabajadores pueden ser extranjeros, y se prefiere a los propios egresados sobre candidatos mexicanos o extranjeros en las contrataciones para las cuales sistemáticamente se evita el concurso de oposición, lo que resulta en endogamia académica generalizada. Y ya que despotrico, agregaré que el modelo caciquil corporativista heredado por el PRI no es compatible con una universidad de siquiera mediano prestigio. Se confunde unidad con sumisión. Otro slogan reciente: “Universidad con Responsabilidad Social” es hipócrita, mientras prevalecen cobros inmorales y anticonstitucionales a alumnos, al tiempo que existe oscurantismo en cuanto al manejo de recursos que son del pueblo, y se les presiona para que vendan boletos de un sorteo, o incluso se les corrompe, aceptando pagos en efectivo a cambio de un servicio social. Al tiempo que esto sucede, la autoridad mete mano al Fondo Social de Apoyo al Pensionado, otorgando a un ex rector que sòlo estuvo 8 años en la universidad, una pensión de màs de dos millones de pesos anuales con cargo al fondo que es de los trabajadores. Y eso de que “La Universidad Somos Todos”, dada la situación de coyuntura actual me hace recordar la famosa frase de Orson Welles: “Todos somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros”.

Yo amo a la Universidad de Colima, por lo que representa y porque aquí me formé inicialmente y porque aquí trabajo desde hace 17 años. Pero mi amor por lo que hago y el concepto mismo de universidad como “templo del saber”, mi amor por el saber y por inspirar a las futuras generaciones es mayor que mi lealtad a la institución. Mi mente es libre. No voy a someterla a directrices institucionales que atenten contra la razón, mi dignidad o la universidad misma. Como a todo intelectual, se me ha de vencer con mi participación (o sea “con + vencer”); no se me han de imponer ideologías cuestionables ni se me ha de distraer de los asuntos relevantes con espejismos y falacias. Los ciudadanos del siglo XXI ya no nos chupamos el dedo. Ya despertamos. Los reclamos son innumerables, pero se comienza por algo. Esta guerra es “garrote contra razón”. Y ya la ganamos, porque aunque duelan los garrotazos, la razón termina por imponerse.

 

Comentarios