Los millonarios no arman casas de campaña

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Conocí al Congreso Nacional Ciudadano (CONACI) durante las movilizaciones contra el gasolinazo de principios de 2017. Participaban en las marchas y asistieron a las primeras asambleas populares que convocamos. Aunque en ese momento coincidían con nosotros en repudiar al gobierno de Peña Nieto por el alza al precio del combustible, pronto salieron las discrepancias: a partir de su rechazo a la política lanzaban propuestas que apuntaban al adelgazamiento del Estado mientras se mantenía intacto el poder económico. ¿Acaso entre los miembros del CONACI en Colima estaban los Brun o los Sánchez de la Madrid? Para nada. Era un grupo de personas de mediana y madura edad que tenían pequeños negocios o eran abogados, médicos, arquitectos y jubilados que se sentían más identificados con los intereses históricos de los grandes empresarios que con los de las clases populares de las que provenían.

Con el plantón de casas de campaña vacías en la Ciudad de México, el Frente Nacional Anti-AMLO (FRENA), organización impulsada por el mencionado CONACI, ha sido primera plana de los periódicos nacionales. Y desde los defensores de la 4T han salido disparos de tinta tachando a los manifestantes de ser los grandes ricos privilegiados del periodo neoliberal que se niegan a pagar impuestos y a perder su poder. Como apología del gobierno de López Obrador puede funcionar, pues si ellos son la mafia del poder que salió de sus mansiones para protestar, el presidente es el revolucionario que solo busca el bienestar del pueblo aunque se pelee con los poderosos. Pero como análisis de quién es quién en la situación política de México, se trata de una falsa caracterización que no asume la complejidad del fenómeno y que nos deja desarmados para actuar contra este germen de la ultraderecha que tanto ruido está haciendo en el escenario nacional.

Para empezar, su dirigente, Gilberto Lozano no es un gran empresario, sino que trabajó como ejecutivo de corporaciones como FEMSA y Rayados de Monterrey. Era un alto puesto, pero no era el dueño del capital. Él mismo menciona con desprecio sus orígenes obreros: “si le hubiera hecho caso a la gente que me rodeaba, yo creo que todavía viviría en una colonia popular”. Es abiertamente católico conservador y, hasta hace unos años, panista, cuando dicho partido tenía el consenso de todo el espectro de la derecha. Otros nombres de FRENA más o menos conocidos son el comunicador antiobradorista Pedro Ferriz, el hijo de una vieja familia simpatizante del fascismo, Juan Bosco Abascal, y Pedro Luis Martín Bringas, con quien los dueños de Soriana marcaron distancia tras su anuncio de participación en este frente.

La base social de FRENA no son entonces los magnates, sino la llamada “clase media” conservadora (los pequeños empresarios y profesionistas) cuyo poder adquisitivo se ha venido deteriorando a través de las administraciones neoliberales y que se horrorizan ante el hecho de ver transformadas las referencias simbólicas que les dan identidad y seguridad: la familia, la patria y la religión. Por eso, además de buscar un chivo expiatorio para su desgracia, rechazan a los migrantes, al feminismo, a las personas LGBT y a todo lo que para ellos huela a izquierda, como el gobierno de AMLO. 

Los millonarios no marchan ni arman casas de campaña. Una parte de ellos, la más intransigente, está golpeteando la administración de López Obrador a través de las cámaras empresariales, los grandes medios de comunicación y los partidos tradicionales. La otra parte, la más inteligente y acomodaticia, está sacando jugosas ganancias con la construcción del Tren Maya y la distribución de los programas sociales.

Aunque minoritario por ahora, FRENA es un fenómeno preocupante en un contexto mundial de aparición de expresiones políticas de ultraderecha, alimentadas por la debacle económica, el fracaso de los gobiernos progresistas que terminaron cambiando poco y la imposibilidad de las organizaciones revolucionarias para ofrecer una salida a la izquierda. A la extrema derecha no se le derrota con memes, sino con lazos comunitarios y de solidaridad social y con la construcción de una opción política claramente transformadora que apunte contra los verdaderos causantes de esta crisis: los grandes empresarios dentro o fuera de la 4T.

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