El agresor también se quedó en casa

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Se dice popularmente que los mexicanos somos muy ingeniosos y que como nuestra creatividad no hay dos en el mundo. Lo decimos hinchados de orgullo tricolor por nuestra particularidad dentro de todos los pueblos de la Tierra.

¿Qué hay entonces de los habitantes de la India que han creado platillos exquisitos utilizando mil y una especias en esa alquimia de sabores? ¿Conocemos al pueblo vasco que hasta nuestros días y a pesar de todo resguarda uno de los idiomas más complejos del mundo, aglutinante como el náhuatl, lleno de prefijos y declinaciones como el alemán y con dialectos tan diversos como las valles de los Pirineos en donde se asientan? ¿Y qué decir de los cubanos que frente al bloqueo imperialista han desarrollado uno de los mejores sistemas educativos y de salud echando mano de los pocos recursos materiales con los que cuenta la isla?

La creatividad y el ingenio son patrimonio del ser humano y no de una nación, por más especial que se conciba a sí misma.

Afirmaciones temerarias como ésta, cargadas de nacionalismo ramplón, fueron las del presidente López Obrador en la mañanera del 6 de mayo. Lo preocupante es que se refería a uno de los problemas más graves que aquejan país y que en los días inmediatamente anteriores al inicio de la emergencia sanitaria habían sacado a las calles a miles de mujeres indignadas.

“Sí, sí existe machismo, pero también mucha fraternidad familiar. La familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto. Entonces si queremos medir violencia familiar en México con los mismos parámetros de otras partes del mundo no aplica del todo”, aseguró tras negar un aumento en las agresiones a mujeres durante la Jornada Nacional de Sana Distancia.

Un vistazo a los datos duros nos muestra una realidad contraria. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el mes de marzo se tuvo un aumento a nivel nacional de 28% en las llamadas de auxilio por violencia de género con respecto a enero y un 48% más en cuanto a denuncias telefónicas por abuso sexual, lo que significa que durante el mes de inicio del confinamiento 3 mil 729 mujeres llamaron diariamente solicitando ayuda. Sin contemplar además todos aquellos casos silenciosos que no aparecen en la estadística, pues es muy difícil tomar el teléfono para denunciar a tu agresor si lo tienes durmiendo en la misma cama que la tuya.

En Colima, la tendencia es la misma. La instancia antes mencionada reportó 16 casos de abuso sexual durante marzo, lo que contrasta con los 8 casos presentados en enero y los 5 en el mes de febrero.

Al parecer, el agresor también se quedó en casa y come en la misma mesa. Y es que, en México como en la India, el País Vasco o Cuba, la familia realmente existente posee la misma estructura patriarcal que bajo el privilegio masculino descarga su violencia contra las mujeres, las infancias y las personas LGBT. Es dentro de la institución familiar que suceden gran cantidad de abusos y agresiones, aprovechándose de la cercanía, la privacidad y de las relaciones desiguales de poder entre los involucrados. La crisis sanitaria, al hacer urgente la necesidad de quedarse en casa, encierra en un mismo sitio a la víctima y al victimario. Las cifras descritas anteriormente son la consecuencia lógica de este sistema perverso.

Negar la realidad argumentando que la familia mexicana es excepcional y prácticamente el modelo humano de fraternidad no solo es digno de un panfleto septembrino de bajo costo, sino que demuestra una enorme falta de sensibilidad ante las violencias machistas. No es de extrañarse entonces que amplios sectores del movimiento de mujeres vean a AMLO con desconfianza.

 

El agresor se institucionalizó y salió a las calles

El machismo también tiene una cara pública que viste a sus agentes de uniforme y los manda a patrullar las calles.

La madrugada de ayer, dos policías del municipio de Colima agredieron a unas mujeres trans, las arrestaron y las amenazaron. Una de ellas valientemente grabó el momento de la detención con su celular y gracias a eso el hecho fue ampliamente divulgado en las redes sociales y en los portales digitales de noticias. La opinión pública y el colectivo Orgullo Disidente se movilizaron, hicieron presión y lograron liberarlas. Pero el alcalde Locho Morán no ha dicho nada ni ha pedido disculpas públicas por lo realizado por estos integrantes de su cuerpo de seguridad: el presidente municipal está ya en campaña por la gubernatura. Sabino Flores, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima, tampoco ha opinado al respecto: el señor siempre ha estado ausente.

Para las trabajadoras sexuales no hay quédate en casa: o salen exponiéndose al Covid-19, a ser asesinadas por sus mismos clientes, a ser agredidas por la policía o no comen, así de simple.

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