Hay que desobedecer

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Desacatar una norma, como ejercicio de resistencia ante una medida que se estableció de manera legal pero que se considera injusta. Eso es desobediencia civil. Las normas que se desacatan, son de carácter obligatorio, es decir, todos los que están en el ámbito de aplicación de la norma, deben cumplirla.

La finalidad de todo acto de desobediencia civil es y debe ser, un fin social, que se considera superior a la norma no cumplida. Los actos que se realicen deben ser públicos y su característica principal es que son merecedores de una sanción.

A la desobediencia civil se llega cuando se han agotado todos los medios de diálogo o de resolución de los conflictos. La idea es convencer a las autoridades de que el conflicto debe resolverse, en apego a los intereses y necesidades sociales NO individuales. Para que la desobediencia civil surta efecto, es necesario comunicarse adecuadamente, tener objetivos claros y realizar acciones concretas.

Los hechos recientes ocurridos en 29 estados de la república mexicana son un ejemplo de desobediencia civil. La toma de casetas en las autopistas de paga, dejando el pase libre y sin cobro para todos, la toma de las gasolineras, para regalar gasolina a todos los que quieran, el bloqueo de las entradas en las oficinas de gobierno, para impedir que la gente pague los impuestos, la suspensión de labores en algunos estados de la república, el paro de los transportistas en otros, son ejemplos de desobediencia civil, que surgieron del enojo de la gente, al aumentar, de golpe y porrazo, un 20 % el precio de las gasolinas y el diesel en México. Esto no afecta solo a los que tienen carro, como muchos dicen, sino que afecta mas a quienes sus ingresos son iguales o menores al salario mínimo. Al subir el precio de las gasolinas, sube el precio de los transportes. Todo el que necesite de un taxi o un autobús para viajar, pagará el aumento en las gasolinas. Todo aquel que necesite transportar algo, enviarle algo a alguien o mover mercancía, pagará el aumento de las gasolinas. Todo el que compre algo en los supermercados o tiendas de conveniencia, en los grandes almacenes de ropa, zapatos, juguetes, libros, libretas y otros útiles escolares, pagará el aumento de las gasolinas. Los alimentos llevan ya incluido el aumento, no solo de la gasolina, sino de los demás recursos naturales que se utilizan para prepararlos, como el gas, por ejemplo. Las tortillas, hoy valen ya 20 pesos el kilo. Todos comemos tortilla y aunque no tengamos coche para ponerle gasolina, pagamos el aumento del precio en cada tortilla que nos comemos.

Dice el presidente que era inevitable, que era para igualar los precios de la gasolina en el mundo. Supongamos que le creemos. Supongamos que estamos de acuerdo. Si hay que adecuar los precios del combustible al mercado mundial, esta bien, pero adecuemos los salarios también. Eso estaría muy bien. Podríamos tener un mayor poder adquisitivo y no nos preocuparía el alza de los precios, porque tendríamos como pagarlos. Podría, por decreto, quitarle los vales de gasolina a todos los funcionarios de su gobierno, a todos los jueces, diputados, senadores, regidores, presidentes municipales, gobernadores y a si mismo. Podría pagar su gasolina como todos lo hacemos. Eso si estaría bien. Creo que todos estaríamos de acuerdo con esto y no haríamos acciones de desobediencia civil en contra de esas disposiciones.

Pero como eso no sucederá, sigamos resistiendo. Que el aumento de gasolina lo pague el gobierno o sufra las consecuencias.

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