Yuritzi y Miguel Ángel

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Yuritzi y Miguel Ángel se suman a la lista de ciudadanos muertos bajo asesinato ¿Andaban en el narco? ¿Le debían algo a alguien? ¿Fueron imprudentes por estar en la calle en un territorio de guerra? Estas preguntas parecen absurdas frente al dolor de sus familiares y amigos cercanos, pero son las preguntas que las autoridades nos obligan a hacernos todo el tiempo para restarle importancia a la tragedia que vivimos.

La misma semana de este asesinato el secretario de gobierno dijo frente a los cuerpos de policía que la seguridad es responsabilidad de todos. Yo no sé a qué dimensión de la seguridad se refiere, pero no entiendo cómo podemos todos ser responsables de episodios como en el que Yuritzi y Miguel perdieron la vida.

Hace un par de días que estoy de visita en Colima. No sé si soy paranoico pero tengo miedo de estar en un bar o una fiesta y que se desate una balacera. Peor aún, temo de pronto enterarme que en algún sitio público perdí a un familiar o un amigo ¿cómo puedo hacerme cargo de eso? ¿Hay manera de que lo prevenga?

Quizás estoy siendo exagerado, pero me gustaría tener información para tranquilizarme sabiendo qué es lo que realmente está pasando. No soy de los que piensan que todos los que asesinan son narcos, porque entre las balas se nos han ido niños. Ni hablar de las desapariciones, violaciones y robos ¿en serio todos los desaparecidos son jóvenes que se escapan con su pareja? ¿A las que violan se lo merecen por andar en la calle y vestir un short? ¿Si me roban es porque soy descuidado o porque vivo en una colonia desprotegida?

Andreas Schedler publicó el año pasado un libro desgarrador donde muestra las dimensiones de la guerra civil que vivimos: en este periodo en México ha habido más muertes que en las dictaduras del siglo XX de América Latina. Los ciudadanos no nos damos cuenta de esta realidad, la vemos ajena y preferimos el silencio. Estamos paralizados porque no conocemos a los responsables ni a las víctimas. No sabemos qué hacer y casi cualquier opción de denuncia representa un riesgo.

Ayotzinapa nos movió, pero entre la ineficiencia del Estado y el carácter volátil de las movilizaciones de solidaridad, volvimos a la niebla de indiferencia y miedo donde ya nos acostumbramos a vivir. Si en alguna medida esta situación es responsabilidad de todos tiene que ver con el silencio colectivo, con la condena y el olvido al que destinamos a las víctimas de esta guerra.

Despedida:

Después de más de un año he decidido despedirme de este espacio de opinión del que pude hacer uso sin cortapisas. Desde aquí he aprendido un montón de cosas sobre la opinión pública. Colima sufre de mediocridad política en gran medida por la baja calidad de los medios de comunicación, y proyectos como Perriodismo, con sus excesos y ambivalencias, hacen falta. Gracias, Oscar. Espero que vengan mejores tiempos para ejercer el periodismo crítico, apasionado y al servicio de los intereses comunes de la sociedad.

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