Historias entretejidas

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Ultimamente, las redes están llenas de noticias que provocan risa. Y no porque sean cosas chistosas las que cuentan. NO. La provocan por lo ridículo de las situaciones que describen, por lo bizarro de las historias que estimulan la escritura. Por la trama que se inscribe en el valor que tienen las cosas materiales y la poca importancia que tienen las personas.

Recuerdo la noticia de una mujer que fue secuestrada, intimidada y golpeada POR LA POLICIA, para que se declarara culpable de haberle abierto la puerta a unos ladrones en una famosa tienda de los dueños del dinero de todos los de Colima. Eso me hizo gracia porque esa misma tienda, cuando eran dueños de mi dinero, me acusó de ladrona a través de sus vigilantes y fue una dependienta de la misma, la que me salvó de ser detenida, al comentar que ella era la que había puesto en su lugar la mercancía que no encontraban. La tienda, recuerdo, me mandó un regalo a mi casa para disculparse, mismo que rechacé vehementemente, sin abrirlo y nunca supe cuanto costaba mi dignidad para la dichosa tienda. Supongo que no mucho, como tampoco vale mucho para ellos la dignidad de la empleada golpeada para confesarse culpable. Si los dueños del dinero son capaces de dejar golpear a alguien para recuperar sus pertenencias, si los que nos deben cuidar son capaces de golpear para escuchar lo que quieren oír, es que no estamos haciendo lo que debemos hacer como sociedad.

Otra historia es la de las mujeres que mataron a golpes a un ladrón y fueron detenidas por ello. Es lo mismo pero con otros actores. Aquí no hay crimen que confesar, porque lo encontraron con las manos en la masa. Aquí, las que golpean son llevadas a la cárcel porque son ciudadanas comunes y corrientes que, defendiendo sus propiedades se pasaron de la raya. Para mí, ambas historias son lo mismo: el dinero y las propiedades son la medida de las cosas y valen más que una vida humana. La diferencia es que, en este caso, las de los sartenes están detenidas y en el otro, ni los dueños de la tienda ni los policías torturadores han sido llamados ni siquiera a declarar. A pesar de que la mujer que fue golpeada hizo la denuncia, no hay detenidos relacionados con ese caso.

Una tercer historia tiene que ver con 20 kilos de cocaína y un funcionario público, que los medios de comunicación han tenido mucho cuidado de señalar que fueron encontrados en el mismo lugar, pero que no saben si tienen relación. Si no fuera funcionario público, ya le habrían tomado la foto abrazando los paquetes de cocaína, posando para la televisión o la prensa, tal y como se hace con cualquier delincuente sin nombre, ni apellido ni cargo. A este, le están fabricando una historia de secuestro que le permita en las 144 horas reglamentarias, dejarlo libre porque al pobrecito le tendieron una trampa. No se preocupen, pronto estará en libertad. ¿Cual es el común de esta historia con las otras? El dinero. Esa es la medida de las cosas. ¿Cuanto dinero se tendrá que distribuir para abogados y funcionarios encargados de administrar la ley? El necesario para dejar a los amigos en libertad.

Una cuarta historia es la de Mario, que se gastó el dinero público en whisky, ropa de bebé, viajes y otro montón de tonterías como esas, que tendrá o no que regresar, dependiendo del resultado de las negociaciones a niveles de una altura donde no cabemos los simples mortales. Es mejor castigar a este exgobernador por los miles, que castigar al otro por los millones, porque entre mas dinero, mejor se compran las conciencias, en forma de monedas acuñadas con su rostro y regalos de navidad comprados, por cierto, en la tienda del primer relato.

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