¿Que esperamos para nuestras hijas?

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En un ejercicio realizado en estudiantes de nivel licenciatura en El Salvador, dentro de una capacitación sobre la teoría de género,  les pedí que escribieran en un papel sus expectativas para sus hijos e hijas, no importaba si los tenían en este momento o no, si es que deseaban tenerlos.

La idea era captar como han construido su idea de lo que es un hombre y lo que es una mujer y sobre todo, descifrar los mandatos sociales que se trasmiten culturalmente de una generación a otra, mediante los procesos de socialización primaria que se dan en la casa.

Las respuestas fueron puestas en unas papeletas que de manera anónima se colocaron en el pintarrón. El resultado de ese ejercicio fue muy interesante.

Los y las jóvenes expresaron en el papel frases relacionadas con sus hijas, expresadas en singular, donde plantean el deseo de que su hija, cuando la tengan: sea saludable, responsable de su sexualidad, que sea profesional, emprendedora, independiente, que tome buena decisiones, exitosa, solidaria, respetuosa, competente,  eficiente, que no se deje humillar por nadie, que sea fuerte, que defienda lo que aprecia, que viva feliz, que tenga valores, que no necesite a un hombre para salir adelante, trabajadora, que defienda sus derechos como mujer y defienda los derechos de los demás, que sea segura de si misma, que sea inteligente, deportista, que sea mujer, no objeto, que viva una vida de amor y de igualdad, que tenga oportunidades, que sea autocrítica y  que no se deje guiar por estereotipos sexistas, que tenga dinero, propiedades, empresas o empleo digno, que tenga casa propia, que viva en un ambiente equitativo, que no tenga miedo y que crea incondicionalmente en la igualdad de género.

Sin duda estas expectativas son un avance en una cultura machista que condena a las mujeres a una situación de violencia cotidiana que deriva no solo en maltrato, sino en cuestiones mucho mas graves, como el feminicidio, que, de acuerdo a las cifras de enero a febrero de 2016, en El Salvador llegó a 53 casos (Datos del ISDEMU-Instituto Salvadoreño de las Mujeres).

Sin embargo, hay que seguir luchando contra las ideas sexistas, también reflejadas en las respuestas de los y las jóvenes universitarios, que quieren  que su hija sea: hermosa, buena esposa, buena madre, con temor a Dios, que sea fiel, cariñosa, altruista, que se de su lugar, que sepa elegir novio, que tenga un  buen esposo, que sea buena con sus hijos, que sea servidora de Dios,  que respete y ame al hombre que esté a su lado, que ame a Dios, que sea humilde, obediente, honesta y prudente, que confié en Dios, excelente madre, que respete al hombre con el que conviva, que aporte en los oficios del hogar, de buenos sentimientos,  que se deje llevar por la mano de Dios, que sea fea, que le de buena educación a sus hijos, que sea una mujer íntegra y de buen corazón. Las expectativas también remarcan lo que no les gustaría que sucediera con sus hijas: que no sea puta, que no tenga muchos novios, que sea la mujer ideal pero no para cualquiera, que viva en un ambiente de sexualidad normal.

Sin duda, falta mucho camino que recorrer, pero el mundo está cambiando.

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