La iglesia progresista

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Aunque no es un hecho consumado, el anuncio del EZLN sobre su giro estratégico para incursionar en la arena electoral ha causado gran revuelo entre simpatizantes y opositores de uno de los grupos políticos referentes del autonomismo en el mundo. Claro que la polémica sobre todo se ha instaurado en el campo de la política.

Andrés Manuel López Obrador dio la bienvenida a los zapatistas al ámbito de la competencia electoral, pero como era de esperarse, dijo que su incursión con una candidatura en el 2018 le hará el juego al gobierno y que gracias a ellos, como en el 2006, no habrá cambio de régimen. AMLO se refirió a los zapatistas como “la iglesia progresista”.

Pensando en la precisión de términos, creo que el EZLN no es una iglesia progresista, ese título parece más atinado para López Obrador y quienes se creen sus portavoces más inmediatos. He escuchado a AMLO decir que mediante su proyecto vamos a instaurar el reino de la justicia y la felicidad “aquí en la tierra”, máxima bajo la cual abstiene a su partido de dialogar y cooperar (al menos en público) con otra fuerza política que no sea la de su signo.

En todo caso el EZLN sería la iglesia autonomista. Con una incomprensible presentación sobre cómo se compone la realidad social, durante años cooperar con el Estado -y sobre todo con partidos y elecciones- se convirtió en el mantra definitorio de ser zapatista. Aun así todos los años, decenas de becarios Conacyt acuden a la Universidad de la Tierra (asociación civil reconocida por el Estado) como en acto de peregrinaje reafirmación.

Pero como siempre, el problema de las iglesias son más sus élites que su doctrina. Las religiones de mayor convocatoria tienen obligaciones más laxas y funcionan casi de manera simbólica, sin exigir demasiado a sus participantes. Por años AMLO y Marcos (ahora Galeano) han exigido el credo a su militancia más activa, y habrán ganado en intensidad de creencias pero no en la ampliación de su convocatoria.

Parece que más que nunca las condiciones del país son extremadamente favorables para dar un giro al modelo de desarrollo en México, para desmontar la militarización del estado, para dar respuesta a millones de mexicanos que hoy se encuentran quejándose, lamentándose o luchando por su cuenta por encontrar familiares, por tener qué comer, porque no los despojen y contaminen su tierra, por tener una expectativa laboral estable o porque se les respete su identidad.

Esta agenda parece calzar muy bien con el amplio espectro que define a la izquierda, y hasta el momento parece que solo las opciones de Morena y el EZ pueden llevarla a cabo, pero en ninguno aparece completa y siempre sometida a la interpretación dogmática: la lucha anticorrupción es una farsa o los financiamientos estatales reproducen la dominación.

A pesar de todo, las iglesias progresistas o autonomistas pueden ser muy rentables. Ofrecen identidad, remanso, un sentido de la vida y una bandera que levantar. A como van las cosas posiblemente los impuros tengamos que escoger un culto para adherir a la nueva cruzada política y seguir alejándonos de la democracia (liberal y falsa segun el santo que usted elija).

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