Colima: la inseguridad que no se va

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“El miedo al ladrón y el miedo al policía. Vivimos en estado de miedo perpetuo. Y el miedo es muy paralizante. Es un gas paralizante que nos impide cambiar.”

— Eduardo Galeano, Voces contra la globalización.

Las cifras de la inseguridad que padecemos en Colima no han tocado fondo, por más que nos cueste asimilar la realidad, nuestra entidad se ha vuelto un narco-estado; el crimen organizado sigue campeando por todo el territorio, ya sea para disputas, ajustes de cuentas o desarrollo de actividades ilícitas.

El problema de la inseguridad no es exclusivo de las actividades ligadas al narcotráfico ni del aumento de asesinatos que ello conlleva, sino que también los delitos como robo a casa habitación, robo de vehículos, robo en calle, extorsión y secuestro han ido en aumento; un ejemplo claro de ello es el centro de la ciudad. La vida tranquila, segura y relajada que antes se disfrutaba no existe más, hay robos todos los días sin excepción a casa habitación o negocios.

Además, en las calles se ha instalado un ambiente hostil, un estado de miedo: se han visto comandos armados no identificados; los robos a vehículos ni se diga, desde hace tiempo se han apostado en la vida común del centro de la ciudad de Colima.

Estos delitos claramente no se podrían realizar con tanta comodidad e impunidad sin la responsabilidad de la policía estatal, ya sea por pasiva o por activa. Las autoridades son las responsables del deterioro del tejido social que hemos estado viviendo los vecinos del centro de la ciudad.

La cuestión es obvia, si el centro de la capital del estado está en franca decadencia social, ¿Qué podemos esperar del resto del estado? El papel de gobierno estatal, del municipal, del Congreso deja mucho que desear.

Están preocupados por disputas de espacios de poder, por presupuesto, por generar estructuras para la próxima función electoral, quién compra más votos, quién hace más trampa, la sinrazón como medida es la función principal de este gobierno, no sabemos en qué mundo viven, qué piensen que signifiquen palabras como seguridad, felicidad, bienestar, austeridad y honestidad; pues hacen todo lo contrario para que estas palabras puedan concretarse en la vida pública de nuestro estado. Pareciera que las instituciones, sus instituciones, ya no están al servicio de la sociedad sino en guerra sin cuartel contra esta.

¿Qué puede pasar cuando en escenarios como el vivido en Colima, donde ya nadie cree en las autoridades, donde ver a un policía es sinónimo de miedo o indiferencia? ¿Será capaz la sociedad de generar instancias y organizarse?

Debemos  tomar medidas desde la ciudadanía para enfrentar al mal gobierno, verdadero puntal del crimen organizado, la respuesta está ahí en la calle, en la amor a nuestra comunidad, a nuestro entorno.

Tenemos que comenzar a resolver nuestros problemas sin intermediarios, quitarnos el miedo que nos han inducido, sacudirlo para ser capaces como en otras partes del país y del mundo de crear policías vecinales, comunitarias o  autodefensas, con civiles que tengan la autoridad moral y la confianza plena de su entorno de cuidar de todas y todos, es necesario, es urgente.

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