¿Y la Universidad?

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Las polémicas son inevitables en una sociedad plural. Casi por naturaleza es inevitable encontrar opiniones, valoraciones y juicios diferentes. Aquellos que creen que en democracia la opinión mayoritaria es la que se impone está muy equivocado, lo que prima es el interés general, y éste se encuentra más allá de toda creencia y juicio personal.

¿Cómo salir de opiniones encontradas y casi irreconciliables? Se supone que para eso está el Estado, un conjunto de instituciones (leyes, procedimientos y autoridades) que sirven para resguardar el interés de todos y no de grupos particulares. Por eso tenemos un Estado laico, porque no podemos vivir bajo las reglas de una religión, porque en una sociedad plural esas normas se tendrían que imponer con métodos como los de la Santa Inquisición.

Por supuesto que escribo esto pensando en la polémica sobre el matrimonio igualitario. Entonces cabe preguntar si las reglas sobre qué es la familia no las pone la iglesia ¿con qué óptica nos debemos quedar? Se supone que somos seres racionales (aunque también nos movemos por afectos e instintos) y eso nos obliga, por mínimo respeto a nuestra condición humana, a aceptar evidencias y argumentos que se sostengan en la realidad, en evidencias y conclusiones lógicas y rigurosas.

En una democracia son importantísimas las instituciones de educación, investigación y aquellas encargadas de informar y generar opinión pública. La Suprema Corte de Justicia de la Nación tomó una decisión sobre los matrimonios igualitarios con base en un estudio científico proporcionado por la UNAM. No sobre la base de la creencia de los magistrados.

Pero no se trata sólo de ofrecer información rigurosa y objetiva a los tomadores de decisiones, sino de difundirla entre la sociedad, de crear conciencia. Y con estas convicciones, siempre que hay un tema que genera polémica y divisiones entre los colimenses me pregunto qué hace la Universidad de Colima. Tiene una planta de investigadores de la cual algunos son muy destacados, pero lo que casi siempre conocemos son las posturas políticas del Rector y sus directivos en torno a temas que no son relevantes.

Cuando en el Congreso del Estado se abrió un foro de discusión sobre la despenalización del aborto, asistió un académico de una universidad privada a decir una letanía de falsedades y absurdos. Pero éste personaje se legitimaba bajo el manto de la academia.

Conozco poco del trabajo que producen los investigadores de la UdeC aunque quizás por falta de acercamiento, pero me hace ruido que ante su silencio surjan entidades como el observatorio de los Brun, realizando un trabajo que fácilmente podrían hacer investigadores de la Universidad ¿o lo realizan pero no lo hacen público?

Peor aún, el Estado financia cada año a una A.C. que se llama “Instituto de Ciencias”, y esta organización pertenece al seminario mayor. Ahora eximieron a todas las escuelas privadas del pago de impuestos por educar personas bajo los principios, valores y enfoques que les parezcan más adecuados.

Así no se construye democracia, ni Estado.

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