Las mujeres como subalternas

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El subalterno es el que es menos importante. El diccionario dice que es un empleado de categoría inferior, es una cosa o persona  que está por debajo de otra, es el torero que forma parte de la cuadrilla del matador.

La noción de subalternidad surge para dar cuenta de la condición subjetiva de subordinación en el contexto de la dominación capitalista. Se produce en el contexto de los estudios de colonialidad, impulsado por pensadores hindúes y  ha sido utilizado para nombrar la condición de las mujeres.

Con respecto a las mujeres, lo subalterno es la condición de subordinadas que nos conceden las sociedades en las cuales vivimos. Regularmente, esta condición de subalternas se asume sin discusión y más bien, como parte de un proceso hegemónico que nos avasalla y que aceptamos como verdadero. Ishita Banerjee desde su análisis feminista, da cuenta de esta condición y la explica.

La condición de subalternas nos pone en una situación de dependencia. En nuestras sociedades, lo subalterno es lo menos importante; su función es que lo importante, destaque.

En el caso de hombres y mujeres, la tarea de ellas como subalternas, es ser la fuerza reproductiva de las fuerzas de los hombres, para que ellos sean los que conquisten la gloria y el honor.

Las mujeres, en ese papel, miman, cuida, protegen, alimentan, higienizan a los hombres de su vida para que triunfen.

Ese papel se asume como una tarea propia del sexo y es compartido entre mujeres y trasmitido a las nuevas generaciones a partir de diferentes procesos: económicos, políticos, culturales.

Una forma de trasmisión cultural de los valores que alimentan la subalternidad de las mujeres es la biblia.

El discurso que la iglesia católica plantea el sometimiento de las mujeres hacia los hombres: “Las mujeres, que se sometan a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a su maridos en todo”(carta del apóstol san Pablo a los Efesios).

En la biblia se establecen roles de género: “Dichoso el marido de una mujer buena; se doblarán los años de su vida. La mujer hacendosa hace prosperar al marido, él cumplirá sus días en paz. Mujer buena es buen partido que recibe el que teme al Señor; sea rico o pobre, estará contento y tendrá cara alegre en toda sazón. Mujer hermosa deleita al marido, mujer prudente lo robustece; mujer discreta es don del Señor: no se paga un ánimo instruido; mujer modesta duplica su encanto: no hay belleza que pague un ánimo casto. El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada” ( libro del Eclesiástico (26, 1-4. 16-21).

A pesar de estas condiciones de subalternidad,  las mujeres abrazan su religión y la defienden. Las mujeres son lo menos importante en su iglesia y, sin embargo, constituyen el grupo mayoritario de las practicantes de esta religión.

Desde la propuesta de Banerjee, las mujeres debemos reconocer esa subalteridad y hablar desde ella, reconociéndonos como sujetas de dominación y encontrando la forma de modificarla. Lo más importante, desde este punto de vista, es escuchar la voz de las que son subordinadas.

En términos cotidianos, invita a  pensar nuestra condición de mujeres que vivimos bajo la dominación masculina y desde ese reconocimiento, hablar y modificar lo que lastima y hace daño. Lo difícil, muchas veces, es que las mujeres nos demos cuenta de ello.

Obtenido de la red mundial el 29 de agosto de 2016 en: http://conceptos.sociales.unam.mx/conceptos_final/497trabajo.pdf

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