Peña Nieto no es el único culpable

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Últimamente ha pululado en las redes sociales el tema del plagio cometido por nuestro modélico presidente Enrique “Pena” Nieto en su tesis de licenciatura. Francamente no me sorprende una falta así viniendo de una persona como él.

Sin embargo, lo que sí me sorprende es que ante un acto evidentemente incorrecto, estén surgiendo defensores de su falta argumentando que “no es grave”, que “ya no saben cómo desprestigiarlo”, que “quien lo acusa lo hace por ardor” y demás justificaciones para alguien que ha demostrado periódicamente ser el mayor cómplice de las estocadas alevosas que ha recibido la nación.

Pero, ¿de quién es la culpa? Por supuesto que en primer plano de él. Pero la falta no es solo suya. Quizás también es culpa del susurrado requerimiento que tienen las universidades de tener un mayor número de titulados, de sus evidentes influencias que hicieron ciegos a quienes revisaron su trabajo.

Quizás es culpa de la sociedad en general que admite la “tranza” como un acto de “chingonería” y no de vergüenza, porque en todos los niveles de nuestro país se admite alcanzar el éxito por medio de fraudes, lo que importa es llegar no el cómo, y bueno, él llegó.

Muestras de esto las vemos todos los días cercana o lejanamente a nosotros, pero son tan cotidianas que hace mucho han sido admitidas como un medio valido de crecimiento, tampoco se trata de darse golpes de pecho pues nadie tiene la moral inmaculada, pero ¿Hasta dónde es digno perder el valor que se tiene como persona?.

Hace unos días Carolina Monroy, secretaria general del PRI, se dirigía desvividamente a Peña Nieto para decirle que su partido no permitiría una sola ofensa más hacia él, que se unirían para defenderlo lealmente, incluso asumiendo los costos de sus actos. Parecerá muy evidente su falta de amor propio, pero como ella hay millones.

¿Por qué lo hace? La explicación es simple, lo hace porque como bien dice una frase “La manzana no cae lejos del árbol”. Y es que Carolina Monroy es el fiel reflejo de los principios que tienen los integrantes de su partido; para quienes defender a quien sea siempre y cuando sea priista es aceptado, así, sin cuestionar, sin empatía, sin dudas, porque el emblema “La patria es primero” se convirtió en “el partido es primero”.

La palabra lealtad está desvirtuada en el PRI. La lealtad debería ser hacia la justicia, no hacia los injustos. Tampoco son solo los priistas los culpables de que plagiar una tesis sea admisible.

Debemos reconocer que la mayoría de nuestro país vive con el síndrome de Estocolmo (sentir cariño por tus opresores) en términos políticos.

México es visto a nivel internacional como un país integrado por gente apática, egoísta y masoquista, quizá entonces valdrá le pena reflexionar si merecemos o no tener a un presidente como Peña Nieto, pues ya sea por acción u omisión del conjunto de personas que formamos esta sociedad, nuestros gobernantes son lo que son porque están formados con la misma cultura de la sociedad a la que representan; suena dramático, pero lamentablemente solo el dolor vivido en carne propia nos empujara a cambiar como ciudadanos.

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