El mercado negro de las tesis

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Todos los días, en mi ejercicio como asesora, reviso cuidadosamente los trabajos de tesis de las alumnas que atiendo. En ese proceso, me interesa que haya congruencia entre los objetivos, los medios, los marcos teóricos y los instrumentos que utilizan las estudiantes para armar su trabajo de investigación y tengan un esquema razonablemente organizado, de aquello que investigaron para que puedan presentarlo como trabajo final de titulación.

Una modesta tesis de licenciatura en trabajo social, debe desprenderse de datos recabados en el campo, mediante instrumentos de recolección de datos adecuados a sus planteamientos teóricos y metodológicos. Esos datos deben analizarse y presentarse en un apartado de resultados y de discusión de los mismos.

La búsqueda bibliográfica permite construir varios de los apartados de la tesis. Principalmente sustenta el marco teórico y el estado del arte. En esos apartados, como su asesora, tengo mucho cuidado de que lo que construyen, cite adecuadamente las fuentes y de que no afirmen o den nada por sentado como si fueran sus propias afirmaciones, sino que den crédito a los autores que leen. Un estudiante de licenciatura, con su tesis, no está listo para crear ciencia, pero si puede reconocer la ciencia que han hecho otros y entenderla.

El propósito de los seminarios de investigación, es que, en un año, más o menos, los y las estudiantes construyan un documento que sirva para titularse, si es que no tuvieron el promedio necesario para hacerlo o si es que no pasaron el examen de egreso. Regularmente, son los alumnos que no acreditan esas dos formas de titulación quienes optan por la tesis, aunque no siempre es así. Algunos se titulan por la tesis, buscando prestigio profesional o tal vez, un espacio en niveles posteriores de formación.

Profesoras y profesores, siendo responsables de nuestro quehacer como docentes, ponemos atención a lo que producen nuestros alumnos y los orientamos de la mejor manera para que sus investigaciones sean, sino buenas, medianamente aceptables y puedan presentarse con orgullo como productos académicos y obtener el grado al que aspiran. Cuando las instancias acreditadoras evalúan las escuelas, los evaluadores se fijan mucho en las tesis que se producen, porque en ellas se refleja la calidad de los egresados, en cuanto a la habilidad para comunicar lo que investigan.

Si un alumno no hace bien las cosas, la mitad de la responsabilidad la tenemos los profesores, aunque no seamos nosotros los que escribimos las tesis de nuestros alumnos.

Debido a que quienes se titulan por tesis son los menos y en ocasiones, estudiantes con baja calidad académica, un negocio ha proliferado en torno a estos acontecimientos. Hay quienes ofrecen sus servicios para “corregir” las tesis que no han sido aceptadas por los jurados para ser presentadas como trabajos de graduación. Hay estudiantes que, desesperados por alcanzar la meta de un título de licenciatura, recurren a esas personas y solicitan su apoyo para “redactar” adecuadamente sus tesis. En realidad, lo que hacen estas personas es “hacer” la tesis. Las formaciones de aquellos que se dedican a esta tarea son muy diversas. Los hay desde licenciados en comunicación hasta personas sin formación académica formal, pero que saben escribir documentos coherentes, que, sin importar la carrera a la que aspiran sus clientes, producen tesis de ingeniería, ciencias políticas, trabajo social, enfermería, con cierta calidad argumentativa que pueden ser aprobadas por los jurados de las instancias educativas.

Entre los estudiantes circula la información de quienes son aquellos quienes pueden “hacerles el favor”. Es algo que no se dice, que no se comenta abiertamente, pero que todo mundo sabe. Es como la venta de drogas. Las autoridades saben dónde la venden y quién la vende, pero se hacen los disimulados. Así pasa en este caso. El mercado negro de las tesis es una realidad.

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