Manzanillo es un bodrio

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Manzanillo es un claro ejemplo de una mala planeación urbana. Es un bodrio. Una cosa mal hecha. Las inundaciones consuetudinarias son consecuencia de esta mala planeación urbanística, que tiene sus orígenes desde hace décadas, cuando se invadieron los espacios naturales de la laguna para la construcción habitacional o portuaria: los urbanistas saben que varias de las colonias de Manzanillo, ahora densamente pobladas, simplemente nunca debieron de existir.

Otra prueba de esto es la contingencia medioambiental que enfrenta el municipio con el derrame de más de 80 mil litros de combustóleo en el manglar de los alrededores del vaso 1 de laguna de Cuyutlán: esa tubería no debió colocarse ahí. Esto no es algo inusitado. No es algo nuevo. Este daño ecológico tiene como antecedente el derrame de más de 170 mil litros de combustóleo en la plaza principal de la ciudad. Y es que bajo la mancha urbana, y en ciertos puntos de la laguna de Cuyutlán, se encuentran más de 9 kilómetros de ductos de Pemex. Las tuberías subterráneas suministran, cada año, más de 18 millones de litros de combustible a la termoeléctrica y a los tanques de almacenamiento de Tapeixtles, así como a los barcos de carga.

El riesgo es mayor si se tiene en cuenta que Manzanillo es el municipio más poblado del estado, al contar con un total de 184 mil 541 habitantes.

Dos puntos

No son los primeros incidentes de este tipo: en los primeros meses del 2016 tuvieron que ser evacuados cientos de estudiantes de diversas escuelas del puerto por la presencia de un olor no identificado que, en la alarma, muchos asociaron con gas.

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