¿Quién contra los diputados?

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Frente a la afrenta moral de los diputados contra un sector de la ciudadanía proliferaron las opciones. Hasta ahora los resultados son los siguientes: la iniciativa del general Gallardo ha tenido una lánguida fuerza de convocatoria. En change.org se han recabado 1200 firmas. La protesta convocada afuera del congreso tuvo una asistencia modesta y la manifestación del sábado fue cancelada por falta de quórum.

Yo no creo que estos resultados sean por falta de interés y compromiso de los colimenses, más bien parece que el exceso de iniciativas y la pobre política de los partidos termina por paralizar. Para empezar parece que no hay mucho interés por atender la definición del problema que nos une, mucho menos de cómo salir del mal.

La desconfianza y el malestar con los partidos políticos parece haberse extendido a toda iniciativa de organización. Peor aún, casi toda iniciativa de organización copia las formas de los partidos. Ahora hasta los insurrectos encapuchados se pronuncian mediante ruedas de  prensa en restaurantes ¿a qué público quieren llegar?

Los partidos se ensañan en confirmarle a la gente sus denuncias: solo trabajan por votos y cuando hay campañas, el resto del tiempo están sumergidos en una vida interna que implica luchas por poder burocrático incomprensibles para la mayoría de ciudadanos. ¿Dónde está todo el aparato de Movimiento Ciudadano, Morena y el PRD? La política no es de enunciados. El comunicado de prensa o la conferencia en los naranjos darán visibilidad, pero la capacidad política no se nutre con aplausos.

Pero, aunque siempre estén mezclados, cuando se trata de estos episodios los partidos son una cosa y la ciudadanía otra. Los procesos de cambio social y político son largos e inciertos, no me gusta ser tan pesimista pero es notable la falta de capacidades de movilización en los nuevos actores que se llaman ciudadanos o apartidistas. Sin embargo éstas capacidades y sus resultados son experimentos que sólo podemos conocer en el espacio público.

Yo no creo que la protesta del jueves haya sido desangelada, pues de hecho sin estructuras profesionales de movilización de un partido es difícil esperar más. Quizás hay un proceso que se esté cocinando o tal vez solo presenciamos un nuevo episodio de desahogo colectivo.

Cuando el pueblo es actor los procesos políticos no son tan calculables como los profesionales piensan. Pequeños brotes de inconformidad como la tala de árboles en La Marina, la construcción de un templo en Lomas Verdes o la dieta de los diputados, son episodios que si bien nos va, empiezan a tejer nuevas demandas e identificaciones que quien sabe en dónde terminan. Parado en estos procesos ganó Kumamoto.

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