Horizontes y azoteas

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Cuando era un extranjero en Colima me preguntaban qué era lo que más me gustaba de la ciudad: las azoteas. Una respuesta que pocos entendieron y que muchos rieron. Desde las azoteas podía ver un poco más allá, pude ver y vi. Me dejé mirar por un volcán despierto y dispuesto a dibujar futuro sobre el horizonte.

En esa complicidad de derribar horizontes compartimos caminos, dispuestos a mirar y ser mirados por otras gentes y tierras. Seguí su luz, su fuerza, me armé con una bicicleta y me dejé guiar por el latido de los corazones de los hombres y las mujeres que me encontré en el camino y que me conducían, inevitablemente, al sur.

Celebré junto a miles de humanos, que volvían a ser hermanos, el 20 aniversario de un EZLN que sentía más vivo que nunca, parecía germinar la semilla que regué en la adolescencia rebelde. Sí, se volvió a iluminar y a vestir de palabras la noche, se escuchaba y se sentía  “El EZLN sigue vivo, no ya como una opción militar, sino como una organización social y política, que lucha por una vida digna, es un esfuerzo de demostrar que es posible la autonomía, sin dependencia del gobierno”.

Han pasado más de dos años y estoy en el sur, he vuelto o nunca me he ido, mi corazón late aquí. Estamos viviendo la resistencia, la digna rabia, la digna rebeldía, la necesaria alegría. Lo llamamos “Festival comparte por la humanidad” y vinimos de cada rincón del mundo para atrevernos a mirarnos y compartirnos a través del arte y la cultura. Estamos tejiendo la red.

Estamos tejiendo la red, representantes de cada uno de los estados mexicanos, de dieciocho  países americanos, de diecisiete países europeos, de cinco países asiáticos, de dos países africanos y de dos países de Oceanía. Unidos, juntos, compartiendo, creando. Creando ese mundo nuevo, es mundo posible y que llevamos en nuestros corazones. Nuestros corazones que abrimos al camino, a lo nuevo, a lo que vamos construyendo y disfrutando con cada nuevo paso, con cada nuevo verso, con el abrazo, con el beso.

No estamos solos, nos sabemos acompañados y fuertes. Nos sabemos dignos y rebeldes. Si, ahora sé que sigo en la azotea, mirando más allá dibujando realidades en el horizonte. Iluminado por un volcán que iluminó la oscuridad de la noche.

Y por si acaso mis palabras no llegan a caminar con ustedes, termino con el paso que marca nuestro camino “El día que fue el día era noche, y noche será el día que será el día”.

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