¿7-0?

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Dicen que México ha perdido. Han llegado imágenes a todos los medios de comunicación, las vemos en la televisión, impresas en los periódicos y compartidas por las redes sociales. México ha perdido. México ha vuelto a perder. Y llora.

Las lágrimas vuelven a ser de sangre. Supongo que todo empezó en el 68, desde ese octubre en Tlatelolco nos dejaron claro que nuestro camino, nuestras huellas las iban a regar con sangre. En el 95, en Aguas blancas, 17 campesinos pertenecientes a la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) fueron asesinados por elementos de la policía estatal motorizada en el municipio de Coyuca de Benítez, en la región de Costa Grande de Guerrero.

No se puede olvidar la matanza de 45 indígenas en Acteal, Chiapas. Entre las personas asesinadas se encontraban 16 niños y adolescentes, 20 mujeres (7 embarazadas) y 9 hombres adultos. La matanza fue ejecutada por paramilitares mientras eran cubiertos y resguardados por policías. No se pueden olvidar las muertas de Juárez, los desaparecidos de Ayotzinapa y un grande y doloroso etcétera.

No nos ganaron 7-0. Llevamos muchos años perdiendo. Y los muertos siempre los ponemos los mismos, el pueblo. No se puede olvidar las miles de muertes violentas que se producen año con año dentro de México y de las que el gobierno federal es cómplice y/o responsable de un alto porcentaje de las mismas.

Los acontecimientos de estos últimos días en Oaxaca, sólo vuelven a poner de manifiesto la intolerancia de un gobierno más acostumbrado al gatillo que al dialogo.

Las últimas elecciones municipales y estatales, volvieron a evidenciar la baja calidad democrática de las instituciones mexicanas, salpicadas de la corrupción más vergonzosa, con la compra de votos, la extorsión y todo tipo de prácticas delictivas que minan la confianza en el gobierno de la mayor parte de la población.

“Maestro, aguanta, el pueblo se levanta” gritaban ayer por las calles de Asunción Nochixtlán, San Pablo Huitzo y en la capital del estado de Oaxaca, donde la gente de varias localidades acudieron al llamado de auxilio de los profesores de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE),grito de socorro que ni los disparos efectuados por elementos policiacos pudieron acallar.

Sin embargo volvimos a perder, fuimos en búsqueda de la palabra, y nos la confiscaron, nos robaron el horizonte y nos dieron la muerte, la muerte violenta. Hoy volvemos a llorar.

En el año 2012, hubo una luz, una luz que iluminó a parte de la ciudadanía que quería apostar por un nuevo país, un nuevo modelo de democracia, para y por la gente. Caímos, pero quedan las cenizas. Y de esas cenizas vamos a volver a renacer, ya estamos organizándonos. Vamos paso a paso y palabra a palabra. El primer paso es reconocer e identificar el problema, ese tenemos que darlo solos, el segundo es atacarlo. Cuando den el primero, hablemos.

Una lucha no se vuelve injusta por su derrota. Seguimos aguantando, resistiendo, seguimos perdiendo. Venimos de una derrota, pero ahora vamos a por la victoria. Porque no está todo perdido, está todo por ganar.

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