Peña, el reformador

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Una de las hipótesis más difundidas sobre la histórica derrota del PRI en ocho estados ha sido la iniciativa de matrimonio igualitario dispuesta por el presidente Enrique Peña Nieto. La lógica es que los sectores religiosos y conservadores castigaron la afronta moral de la presidencia quitándole el voto al PRI para fortalecer al PAN.

Si los electores en México actuaran así, hace rato que la alternancia de gobiernos fuera la constante y nuestro sistema electoral de verdad serviría como mecanismo de rendición de cuentas. Parece exagerado aseverar que la histórica derrota del PRI haya sido producto de una reacción electoral coordinada, y resulta difícil pensar que algún personaje del círculo cercano al presidente no advirtiera que lanzar esta iniciativa momentos antes de las elecciones locales iba a impactar en la imagen del partido.

Puede ser que exista un sector progresista con mucho peso dentro del grupo de quienes gobiernan, o como señalan algunos analistas, la iniciativa del matrimonio igualitario respondió a una urgencia del gobierno para ganar puntos positivos en una cada vez más deteriorada imagen internacional respecto a los derechos humanos en el país ¿Pero por qué el matrimonio igualitario y no un gesto de autocrítica en el caso Ayotzinapa?

Con el riesgo de caer en la guerra de entelequias, no parece descabellado pensar que junto al factor de la imagen internacional, el casi decreto para instaurar el matrimonio igualitario a nivel federal responde al programa de reforma económica del gobierno. La comunidad LGBT en México tiene un poder económico de casi 75 millones de dólares anuales1, y pese a lo que podríamos pensar, México registra índices de homofobia más bajos que otros países de América Latina2, incluso por debajo de Reino Unido, Estados Unidos o Francia3.

No es cierto que el matrimonio igualitario cuente con un rechazo extendido en el país. Pero es cierto que determinados sectores -muchos de ellos votantes afines al PRI-, objetan esta iniciativa. Y así como el gobierno se ha empecinado en llevar adelante reformas impopulares en el sector energético, hacendario, policial y laboral, no habría motivo para no extender esta política al tema de inclusión de la comunidad LGBTI.

Peña Nieto se inscribirá en los anales de la historia como un intenso reformador. El país es cada vez más un territorio cercano a la insurrección por lo impopular de las iniciativas, que de paso hay que decirlo, todas operan sobre una estructura de corrupción que ni siquiera se ha tocado. Sectores de profesores, trabajadores, campesinos, indígenas, clases medias y ahora conservadores religiosos, se unen a un gran clivaje de oposición que probablemente sepulte la posibilidad de que el PRI consolide su fuerza electoral.

Así son los grandes periodos de reforma impulsados desde la autoritaria visión liberal del mandato libre y la rectoría del Estado. Sin diálogo pero con lobby preferencial, la reforma del país ha derivado en rupturas y fracturas que abren un incierto panorama político donde todo puede pasar, pues el malestar no sólo se acumula sino que va encontrando identificación y solidaridades necesarias en medio de una República en ruinas.

1LGBT2020 Study

2Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas y Opinión Pública

3LGBT2020 Study

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