¿Policías o Rambos?

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La detención de Meyly Pastora es un tema casi ineludible por su gran impacto. Es una noticia que vende no tanto por el status político de la panista, sino porque la gente sabe que lo que le pasó a Meyly es una realidad cotidiana, pero convertida en espectáculo público. Uno de pronto tiene esperanzas en que episodios como éste, obliguen a las autoridades a actuar de manera más eficiente.

Es evidente que estamos lejos de tener cuerpos policiacos profesionales. Las millonarias inyecciones de dinero, la adquisición compulsiva de tecnología y el adiestramiento estilo Rambo que se imparte en las academias de policía, han derivado en más miedo entre la población, en el aumento a las violaciones de derechos humanos y en un nulo impacto en los niveles de delincuencia común y del crimen organizado.

No me estoy inventando esto, los datos están ahí: el presupuesto en seguridad aumenta, los cuerpos policiales son más robustos en elementos y armas, pero al mismo tiempo aumentan los delitos, las oleadas de asesinatos no se logran prevenir ni detener, y el abuso de autoridad, las detenciones arbitrarias y la tortura han ido al alza.

La inseguridad se convirtió en uno de los grandes negocios del sexenio de Mario Anguiano y es uno de las temas más rentables para los medios de comunicación y para los políticos. Tenemos años de exigencias y promesas de más seguridad y lo único que hemos conseguido es instalar miedo y nerviosismo entre agentes de protección y ciudadanos.

La histeria social que se origina por los conflictos entre grupos criminales convirtió a la seguridad en un fetiche peligroso, y como en las películas de acción y drama, cada vez que los mandos policías y militares intervienen en un conflicto, solo agravan la situación. La inteligencia policial parece ser un oxímoron.

Lo que le sucedió a Meyly es cosa de casi todos los días en Colima. Es increíble el nivel de intimidación con el que actúan los encargados de la seguridad frente a faltas tan simples como estar tomándose una caguama en un jardín. En la prensa y en la calle sobran historias de abusos en el ejercicio del poder de vigilancia, y ahí son pocos los que tienen la posibilidad de hacer saltar sus historias a los medios de forma espectacular.

Soy de la idea de que en estos casos no se puede culpar a los individuos, basta revisar las condiciones en que trabajan y en que son formados los policías; reciben cursos de terrorismo urbano, se les mete en la cabeza que deben mantener una ciudad pulcra y ordenada como no existe en ningún lugar, se les incita a dar resultados porque el gobierno está urgido de cifras positivas, y todo esto bajo horarios y salarios que a cualquiera le crisparían los nervios.

Mal está haciendo el PAN en convertir la detención de Meyly en una ridícula cruzada por la justicia hacia una víctima, en lugar de hacerlo parte de una agenda política que impacte en beneficio de la ciudadanía. Así como en gran parte de México, en Colima urge intervenir en las estrategias de seguridad y la líneas de mando de los cuerpos policiales, necesitamos abandonar la seguridad tipo Rambo.

El gobierno estatal no está inventando nada nuevo, la política de seguridad que vemos en el actuar cotidiano de los cuerpos policiales parece una réplica a escala grande de la política del famoso procurador Sam López. Hace un par de años lo dijo el presidente de la federación de transporte urbano: todos los ciudadanos somos potenciales delincuentes. Así nunca vamos a vivir felices ni seguros.

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