El ocaso de la CNTE

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En plena etapa crepuscular, la CNTE le apuesta a que el gobierno federal le tiemble la mano y no aplique la ley: los primeros tres días del paro se les harán los descuentos correspondientes y al cuarto serán dados de baja del servicio.

Son cerca de 19 mil profesores a los que se les descontará el día a nivel nacional. En Colima sólo 10 escuelas, de más de 900 planteles, pararon labores, afectando a 2 mil 309 estudiantes, lo que equivale al 1.65 por ciento de la matrícula escolar.

En los hechos, el movimiento de la CNTE se encuentra en una etapa agónica: su capacidad de convocatoria se mermó al grado de que en sus estados bastión –Oaxaca, Michoacán y Chiapas—más del 80 por ciento de las escuelas abrieron y tuvieron clases.

Digno de ejemplo es el profesor Octavio Estrada, de la Escuela Primaria “Leona Vicario”, en el estado de Oaxaca, quien pese a las presiones de los paristas impartió sus clases en la banqueta del plantel.

Precisamente, Oaxaca es un caso paradigmático de cómo la CNTE perdió su influencia a raíz de que la SEP le arrebató de las manos el control de la IEEPO a la sección 22. Esto significó la pérdida del control del recurso proveniente de la nómina magisterial, con el cual los paristas amenazaban a los docentes con no pagarles si no se unían a sus manifestaciones.

Ya sin la amenaza, profesores con verdadera vocación, como Octavio Estrada, pueden dar clases a sus estudiantes.

Dos puntos

La CNTE representa el retorno a los privilegios y excesos, como el derecho a heredar y vender la plaza docente. Buscan, en el fondo, que no se les aplique la ley y que puedan elegir discrecionalmente a qué persona darle una plaza docente, sin importar si tiene los méritos y capacidades para dar clases. ¿Lo lograrán?

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