El gobierno quiere esclavos sonrientes

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Sigo escuchando las risas en el jardín de mi colonia, solo interrumpidas con algún ataque de tos. “- ¿Te das cuenta, we? si aprueban esa madre y viene un pinche puerco ya no va a poder decirnos ni madres, se chinguen carnal cof cof”.

Escucho a la juventud, escucho a la calle que parece sonreír porque Enrique Peña Nieto envió al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal que de aprobarse se autorizaría el uso de medicamentos elaborados a base de mariguana o ingredientes activos. Además de elevar la dosis legal de posesión de mariguana de 5 a 28 gramos.

Los defensores del mundo alzan las banderas de la justicia y la libertad, aplauden la medida. Dicen que es bueno que se legalice, que el Estado no tiene que decir que consumimos, dicen que es bueno que se legalice, que se reducirá el narcotráfico, dicen que habrá menos violencia, dicen menos desaparecidos, dicen menos torturados, dicen menos muertos.

Dicen. Yo digo que el tráfico y los muertos se acaban si se acaba el consumo. Que el sistema cambia si cambia el pueblo. Que un pueblo, una juventud drogada y pasiva, no es una juventud activa y combativa. Que el gobierno quiere esclavos sonrientes. Que la droga no es libertad. La droga es dependencia, sumisión y muerte.

Una persona que depende de la droga para divertirse, relajarse o lo que sea, es una persona dependiente, no es libre. La droga es irremediablemente contraria a la libertad y mucho más a la lucha por esta.

El gobierno nos sigue matando, la droga es sólo una herramienta más para ello.  Nos mataron en el 68, nos siguen faltando 43, y muchos más; recién 24 tras la explosión de la petroquímica en Coatzacoalcos. Me duelen las cifras y los números cuando son hermanos y hermanas muertos. Y que aumente la cifra, el número de gramos de posesión legal de mariguana no alivia ese dolor.

Necesitamos vivir un cambio radical, que nos permita volver a la raíz, al contacto con la naturaleza y no a maltratar a nuestra madre ni nuestra mente. Por la libertad y la justicia con la que sembramos nuestro camino.

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