Las mujeres y la igualdad; medallas complacientes

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El año pasado se proyectó una modesta película llamada Las Sufragistas. Este flime relata cómo a inicios del siglo xx, un movimiento mayormente compuesto por trabajadoras, desafió al régimen político y social de la época para conseguir el derecho al voto.

Durante este siglo, en distintas partes del mundo las mujeres libraron duras batallas por ejercer derechos plenos de ciudadanía, pues no sólo se trataba del voto, sino de toda una serie de consecuencias que trae consigo el reconocimiento de igualdad en una sociedad dominada por un mandato depositado exclusivo de los hombres.

Imagino que este tipo de episodios son el espíritu que impulsó al congreso del estado a instituir el otorgamiento de presas a mujeres colimenses destacadas. Por eso me resulta penoso que el legislativo termine reduciendo la conmemoración de las batallas femeninas por la igualdad, a un reparto de medallas que reconocen méritos de élites e identidades de partido.

Traigo esto a colación, porque algunos legisladores tuvieron una discusión por la nominación de dos preseas a mujeres destacadas. En el ámbito de la política y el servicio público, los diputados siempre habían premiado trayectorias y autoridades priistas. Ahora que el PAN llegó al congreso, hizo lo mismo.

De esta forma, en el muro del honor de trayectorias de género destacadas, figuran personajes como Itzel Ríos, Mely Romero, Hilda Ceballos, Norma Galindo, Gina Rocha y Patricia Lugo. Y no es que no tengan méritos a ser reconocidos, pero entre sus éxitos políticos y la representación de las batallas de un género por la igualdad, me parece que hay un abismo enorme.

Curiosamente, premiar casos individuales de éxito implica reconocer que estos son excepciones en una sociedad donde aún no se han logrado condiciones de equidad y ejercicio pleno de derechos. Las brechas salariales, la violencia y la discriminación, persisten de forma estructural; y con precisión estadística, las mujeres son las menos privilegiadas.

Pero ello no significa que no existan mujeres con privilegios. No es lo mismo ser una diputada que una maestra de kinder, una vendedora de herbalife o una disidente indígena.

Por supuesto que entre inicios del siglo xx y hoy, existen diferencias y avances, no hago eco de quienes dicen que no hay nada que celebrar, pues a pesar de que aún existen condiciones adversas, se supone que estos premios que otorga el congreso son mecanismos de empoderamiento para todo un género.

¿será en realidad así, o estos premios terminan como una ronda de autocomplacencia entre la grey política de Colima? Es como si para conmemorar el día del Estudiante le dieran una presea a Héctor Magaña. Insisto, no es ausencia de méritos sino la representatividad de sus casos.

Cierto es que para este concurso se emite una convocatoria donde la sociedad organizada puede postular a sus perfiles, pero juzgando por anteriores certámenes, parece que los priistas, y de forma más torpe los panistas, se agandallan los espacios de participación con sus múltiples Asociaciones Civiles y organismos paralelos.

Igual creo que hay un amplio sector de mujeres que ni si quiera está enterado de estos rituales pues están dedicadas a trabajar, procurarse la vida y la de su familia. Hay otras que parece, han renunciado a estas batallas de simbolismos y apuestan por sus propios espacios. Y es aquí dónde deberían estar los reflectores, más que de certámenes de éxito, de acción política y constitucional.

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