Políticos nuevos, política vetusta

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Hace dos años entrevisté a los líderes juveniles del PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano y Morena en Colima. A todos les pregunté sobre las corridas de toros; unos se pronunciaron totalmente en contra y otros a favor siempre y cuando se incluyera una nueva modalidad de no matar al animal.

Ingenuamente pensé que estos líderes podrían empujar nuevos códigos culturales en sus partidos, que tal vez podrían hacer representar de forma efectiva un poco de las nuevas ideas y demandas de la sociedad. Como pasa con los partidos en México, es un error depositarles cualquier esperanza.

Y no digo esto porque me escandalice el decreto que protege el espectáculo taurino, pues para mi ésta decisión del congreso es una muestra entre tantas, del modo vetusto y autoritario que tienen los partidos para ejercer la política en Colima.

No son sólo los toros, es en general, la escasa capacidad de innovación que muestran los nuevos legisladores. La reciente ocurrencia de Federico Rangel es sorprendente: promover un código de ética para el buen funcionamiento del congreso, cuando lo que hace falta es una ley de servicio profesional de carrera, un reglamento claro de operaciones e instancias independientes de control.

Parece que de poco sirve que lleguen outsiders como Nicolás Contreras y se incorporen cuotas jóvenes en las distintas fuerzas políticas. No quiero sentenciar pero hay una inercia en la clase política que termina imponiéndose sobre voluntades de cambio; los intereses inmediatos y las cadenas de mando someten las buenas intenciones y limitan la creatividad.

Hasta ahora el PAN ha demostrado un acumulado de incapacidades en episodios como la derogación de la tenencia, la modificación del presupuesto de egresos o el cambio de las condiciones del juego con innovaciones como debilitar el monopolio de la FEC sobre el descuento al transporte público.

Por si fuera poco estas intenciones casi fallidas se coronan con la batuta de un decreto que ante los ojos de muchos de los ciudadanos que “quieren el cambio”, es retrógrada.

Pero no caigamos en esencialismos, más que bandera del PAN, este decreto tiene que ver con la ambición política de un diputado para quedar bien con una oligarquía -de a caballo- villalvarense, y se sumaron actores interesados en este mercado político.

¿Esta no es una de esas posturas legislativas que los partidos deberían consultar con sus heterogéneas bases? ¿Cómo toman las decisiones los representantes que dicen portar el germen del cambio?

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Como ejemplo al margen: me sorprende ver al exdirigente de Movimiento Ciudadano y posteriormente cuadro pro Preciado, Hugo Alexander, al frente de un recién creado Instituto de Juventud, celebrando gestiones becas y limpiezas de ríos.

De veras que juventud no equivale a cambio.

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