Blanca y los 43

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Se levanta. Toma el micrófono. Es pequeña, usa lentes. Lleva puesta una camiseta azul con la imagen de su hijo Jorge Álvarez Nava. Nos cuenta su historia. Se llama Blanca Luz Nava Velez. Dice que el 23 de septiembre su hijo cumplió años. Que ella esperaba verlo el fin de semana para festejarlo. La última vez que habló con el fue el 24. En eso habían quedado.

No volvió a saber de él. Dice que el gobierno se lo quitó. Desde entonces vive en la normal de Ayotzinapa, junto con su esposo. Ha recorrido el país y ha conocido la solidaridad de la gente. A donde quiera que va hay alguien que les ofrece ayuda. Siempre el pueblo. Nunca las autoridades.

Antes, dice, era ama de casa. De esas que hacen su quehacer y se sientan a ver la televisión. Cuenta que cuando veía noticias sobre desaparecidos no daba crédito. Pensaba que mentían y que solo eran programas de televisión.

Ahora vive en carne propia aquello que negaba. Ahora se da cuenta, que es cierto que el gobierno mata y desaparece a la gente. Los mata y desaparece porque son pobres y estorban.

Los maestros rurales estorban. Ellos enseñan a sus alumnos a pensar, a buscar un mejor futuro. Ese, dice, fue el error de su hijo: ser pobre y querer un mejor futuro.

Para Blanca no hay descanso. No hay otra cosa que hacer en la vida que no sea buscar a Jorge. “Jamás nos vamos a callar” dice ella. Está segura que está haciendo lo correcto, a pesar de que exista gente que en la calle la confronta y le dice que ya deje descansar a su hijo, porque está muerto.

Para Blanca, ninguno de los 43 de Ayotzinapa están muertos o quemados. Desde que su hijo está desaparecido, lo busca, grita en la calle, va a marchas. Ha recorrido todo el país, pidiendo siempre lo mismo: no se callen. Si el pueblo se une, puede vencer a este gobierno corrupto. Hay que denunciar las injusticias, no dejarse pisotear, dice. “Hay que dar la cara y decir lo que no nos gusta”.

Al gobierno, dice Blanca, le gusta pura gente sumisa, que esté agachada y que no diga nada cuando la pisan. Tenemos que luchar contra eso, invita.

El llamado de Blanca es para el pueblo: “Hagamos algo por este país, porque esto no vuelva a pasar” solo juntos podemos vencer un gobierno corrupto. Si nosotros los ponemos, nosotros los podemos quitar, afirma.

La lucha por los 43 de Ayotzinapa es una lucha digna, que está construída con el dolor y la conciencia de grupo, que muestra la podredumbre que hay en quienes ejercen el poder, que hace que las personas comunes desconfiemos de las instituciones, que en lugar de proteger, matan y desaparecen.

El llamado de Blanca es un grito de valentía. “ando haciendo lo correcto” dice ella. Y así es. Es correcto buscar un hijo hasta encontrarlo, es correcto decirle en su cara a los que detentan el poder que se han equivocado, es correcto decirle a las autoridades que no pueden seguir engañándonos “Somos pobres, pero no somos tonto, dice otro de los participantes en el mitin, padre de otro joven.

Estos padres y madres piden justicia. Estos padres y madres piden la verdad, piden un gobierno justo que no nos desaparezca ni nos mate, piden un mejor futuro para todos. ¿Es su lucha vana? Eso depende de nosotros, los que escuchamos y los que nos indignamos. De mi parte, me prometo a mi misma no olvidar a los 43 y como dijo una persona del público, “que bueno que vinieron. Ya se me había olvidado la rabia”. Que no haya paz para el gobierno hasta que los encontremos. NI Blanca ninguno de ellos se va a ir a casa sin su hijos.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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