Cuando las mujeres no importan

747

Desde un análisis feminista de la cultura, se develan las condicionantes que regulan las relaciones entre hombres y mujeres y se evidencian hechos como la violencia hacia las mujeres.

La violencia no siempre es expresa, es decir, con golpes, malos tratos, gritos, restricciones monetarias o prohibiciones hacia las mujeres para hacer, decir o vestir de determinada manera.

La violencia puede ser simbólica. Esta violencia se trasmite con el lenguaje y son aquellas expresiones que establecen una subordinación de las mujeres hacia los hombres. Palabras que pueden sonar cariñosas y amables, son usadas en el lenguaje común y expresan sentido de propiedad o de disminución de capacidades en las mujeres.

Es posible escuchar, en un contexto laboral, términos cariñosos de los compañeros de trabajo a las mujeres de su entorno, donde las mujeres son tratadas por su apariencia y no por su inteligencia.

En el lenguaje cotidiano es común escuchar frases que denotan posesión. Aunque es cada vez menos frecuente, todavía puede escucharse que las mujeres utilizan, para referirse a sí mismas, el posesivo “de”, seguido del apellido de sus esposos, después de que dicen su nombre.

La violencia estructural, por su parte, es la que se ejerce a través de las instituciones. Es cuando las mujeres son tratadas como objetos y las instituciones no hacen nada para impedir o castigar estas conductas.

Con las mujeres-objeto se busca vulnerar o ensalzar a los hombres que se considera que las poseen. Eso sucedió en las pasadas elecciones extraordinarias en Colima. Las mujeres fueron usadas y olvidadas. Nadie se preocupó por las mujeres de las que se habló o aparecieron en los panfletos que se repartieron casa por casa. Nadie pregunta por ellas. A nadie importan.

Tampoco hay interés por las mujeres cuyas voces quedaron grabadas en conversaciones telefónicas reproducidas una y otra vez en todas las redes sociales. No importan. Son armas de guerra y como cualquier cosa, se desechan cuando ya no cumplen su función. Y se consiguen otras.

Cuando las mujeres no importan, se usan como títeres para acompañar a los hombres, para reforzar la imagen de ellos y para que ellos consigan sus fines. El uso de niñas en las propagandas políticas también son parte de esa cosificación de las mujeres. Esto, también sucedió en Colima.

Otra forma de ejercer la violencia estructural es a través de los procesos de invisibilización que contribuyen a restarle a las mujeres el pleno uso de sus derechos. La alusión a que la política es cosa de hombres, mas no de mujeres, utilizada en la propaganda de algunos partidos políticos que participaron en el proceso extraordinario, son una muestra de esta violencia que se ejerce de manera cotidiana, sistemática y sobre todo, legitimada por la gente.

La violencia estructural, la que las instituciones ejercen sobre las mujeres daña porque desde el ejercicio del poder, e da permiso para que se disminuya el goce pleno de los derechos de las mujeres.

Es urgente que el Instituto Nacional Electoral ponga atención a estos sucesos. Es imperante regular el uso sexista del lenguaje en las campañas. Es preciso dejar de tratar a las mujeres como cosas. Los organismos de mujeres al interior de todos los partidos políticos sumarse en una sola voz y exigir estas modificaciones. Solo así podemos avanzar en los derechos políticos de las mujeres.

Comentarios